Cenizas

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En el periódico El País del 14 de diciembre Leila Guerriero escribe una columna en la que, tira de ironía para decir que en la Iglesia Católica todo son prohibiciones, resumo su artículo en lo más sustancial:

No entiendo el escándalo que generó tiempo ha el documento emitido por el Vaticano que prohíbe conservar en casa, engarzar en joyas, dispersar en tierra, aire o agua las cenizas de las cremaciones de los muertos…

Pero lo que me importa de este asunto es que se trata de democracia pura y dura. Con gestos como este la Iglesia católica logra llegar de manera eficaz y ecuánime a todos sus fieles, no solo a los gays católicos que pretenden ejercer su sexualidad (y no pueden), a los divorciados católicos que pretenden casarse de nuevo (y no pueden), a las mujeres católicas que pretenden ser sacerdotes (y no podrán nunca), a los hombres y mujeres católicos que pretenden cuidarse del VIH usando preservativo (y no pueden). No todo el mundo es gay, ni mujer, ni está divorciado, ni tiene sexo. Pero todo el mundo tiene un muerto. Quizás cremado. Con una prohibición sencilla la Iglesia logra recordar que el largo brazo de su presencia abarca, de la cuna a la tumba, todo. Si eso no es democracia —prohibiciones para todos y todas— yo no sé qué es.

Y sobre lo que apunta me parece oportuno decir un par de cosas.

La primera es que los gays católicos pueden ejercer su sexualidad, claro que pueden; los divorciados católicos pueden volver a casarse, de hecho muchos lo hacen; los hombres y mujeres católicas pueden usar preservativo para cuidarse del VIH, por supuesto que pueden. Entonces, ¿por qué la autora afirma que no pueden?, la respuesta es sencilla, porque finge ignorar que en las cosas de los humanos, en lo que tienen que ver con Dios, el eje es la libertad, dicho de otro modo, un creyente alcanza a través de un paulatino conocimiento de Dios, la auténtica libertad, libertad que consiste en que puede, siendo gay, ejercer su sexualidad y puede no ejercerla, lo que supone una renuncia que le enriquece; en que puede, siendo divorciado, volverse a casar y puede también optar por no casarse, sin problemas aunque con las consiguientes dificultades, para superar las cuales puede pedir ayuda a su Señor que está comprometido con la veracidad del amor que le llevó al matrimonio; en que pueden usar preservativo y pueden también no usarlo. Que eso sí es libertad.

Consecuencia del uso de tal libertad será una vida más pegada a lo carnal o a lo espiritual, más condicionada por lo terreno o por lo trascendente, más o menos rica en experiencias supra sensoriales y, por tanto, más o menos partícipe de la gratuidad, el don prenda de la eternidad.

Efectivamente me he dejado un punto en el que parece que sí hay un límite a la libertad en las prescripciones de la Iglesia atendiendo a la Revelación de las que se hace eco la autora, y ese es el de que una mujer que quiera ser sacerdote, no podrá serlo nunca, dice doña Leila. Y es que esa es otra cuestión, pues no se trata de que pueda o no pueda serlo. Todo bautizado es por definición sacerdote, sea hombre o sea mujer. Luego el problema es meramente funcional, pues es verdad que una mujer nunca será ministerialmente sacerdote, pero eso es lo mismo que afirmar que yo, que soy un ciudadano en el que como tal  reside la soberanía de su país, considere discriminatorio el no poder nunca llegar a ser el gestor de esa soberanía, por más que quiera, por más que me asista el derecho, y es un hecho que en un 99,99% de probabilidades, nunca seré primer ministro de mi país,  Dicho de otra manera y siguiendo a la Lumen Gentium, en una mujer, como parte que es de una comunidad sacerdotal que es la Iglesias, su sacerdocio lo es de índole sagrada, mientras que el sacerdocio ministerial sólo responde a lo orgánico de la estructura de la Iglesia.

Lo que pasa es que para los necios toda la vida del hombre sobre la tierra está interpretada en clave de poder o simplemente no les cabe en la cabeza que “dar sea mejor que recibir”.

Ignorar que el discípulo de Cristo es aquel que sigue los pasos de su Señor, es ignorancia voluntaria, y es que el Señor dejó meridianamente claro que Él no vino a ser servido sino a servir y que el que quiera los primeros puestos, que se apresure a ocupar los últimos lugares. A esto y no a una lucha de poderes es a lo que está llamado a tender un cristiano, sea hombre o mujer.

Porque en lo que sí acierta la autora es en lo de que si en algo es puntera la Iglesia es en mantener postulados democráticos, pues para Dios todos los hombres y todas las mujeres son iguales y los cristianos nos lo creemos tanto que consideramos injusto hacer acepción de personas por razón de sexo, de creencia, de raza o por cualquier otra causa, y es por eso que no necesitamos ser ni feministas ni machistas ni adscribirnos a ninguna de esas ideologías reivindicadoras de derechos, y huimos especialmente de ello porque en toda confrontación siempre late soterrada una discriminación.

 

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¿PODEMOS ESPERAR ALGO DE ESTA EUROPA?

 

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“vanidad de vanidades, todo es vanidad”

En el diario El Mundo, Antonio Lucas escribe el 23 de marzo del presente, una columna titulada “Ayuda del hombre blanco” en la que habla de cómo enfrenta Europa el problema de los refugiados, de la que transcribo tan sólo el primero y el último párrafo en los que dice lo siguiente:

La democracia llega hasta donde Europa quiere. Al menos en Europa. La democracia no contempla estados de ‘shock’ ni atiende fuera de su recinto (sobre todo si no hay intereses comerciales o directamente petróleo). La democracia, la igualdad y la justicia es de uso interno para aquellos ciudadanos que gozan de pasaporte. O para los elegidos, pero nunca para todos. Y aquí estamos, en la España de los 18 refugiados acogidos. En la Europa que es lección de convivencia. En el continente más solidario del planeta. El que fijó los derechos del hombre. El que dice aplicar la lupa en cada momento con la armadura moral que le otorga la edad, pero que en los últimos meses (años) tan sólo ojea desganadamente la nueva tragedia humana porque el mundo anda muy del revés y no se puede estar a todo. …

No se trata de hacer buenismo con ellos, sino de entender que son mesnadas sin más masticación que el desahucio y la derrota. Está claro que nadie puede huir de una guerra sin la ayuda del hombre blanco. A los políticos les pierde en esto la indiferencia y a los de la indiferencia les termina golpeando la Historia. Europa se alimenta de todas las hipocresías. Pero en esto estamos todos golpeados por los mismos, de Madrid a Bruselas. O por heraldos negros muy parecidos. De nuevo el terrorismo, el racismo, el desprecio, el egoísmo. (Qué viejo suena todo y qué parecido a la verdad).

Esto es la conclusión desesperanzada del señor Lucas ante la barbarie que describe en su artículo. Pero a mí me asombra, cuando afirma aquello de “Europa se alimenta de todas las hipocresías”, lo lúcido de la frase, solo que no sé si el autor se da cuenta de hasta qué punto llega a ser verdad su afirmación. Y precisamente por alimentarse así, Europa se está quedando escuálida.

Porque la realidad es que Europa se está desangrando, algo que anuncia su fin a medio plazo, debido a esa hipocresía suya que donde mejor se visualiza es en su actitud criminal hacia su descendencia. Algo que no le está saliendo gratis, pero que nadie parece advertir, que nadie relaciona con lo que está sucediendo y, por tanto, nadie está poniendo en guardia a los ciudadanos sobre esta verdad. Ni el señor Lucas. Bueno, sí lo hacen algunos de los denostados movimientos pro-vida. Lo cierto es que el eufemismo “interrupción voluntaria del embarazo” oculta, hipócritamente, una tremenda realidad, Europa, por puro egoísmo, por su irrefrenable deseo de bienestar, por entender la responsabilidad respecto de los hijos en clave de “dar la talla”, o sea, darles todo aquello que, proyectándose uno mismo, se considera indispensable dar a los hijos, o por, incluso, gratificarse con placeres libres de responsabilidades, Europa, decía, se está viendo enfrentada a ineludibles responsabilidades que ya es incapaz de afrontar. Y es que la naturaleza es sabia. Y negarla, es decir, retorcerla para satisfacción de los instintos o de las presunciones, es un engaño porque esa actitud oculta una verdad, y la verdad es que tal comportamiento tiene un costo. No se puede matar a los propios hijos y querer, después, utilizar a los hijos de los demás para que nos saquen las castañas del fuego, con la aparente ventaja de que nos llegan ya creciditos, pero con un hándicap elemental que parece escapársenos, y es que al llegarnos ya crecidos, no los hemos educado nosotros y por lo tanto, ni es nuestra descendencia, en lo carnal, ni serán nuestros herederos, en lo espiritual. Ni con lágrimas en los ojos lograremos que la naturaleza nos deje impunes. Y añado: afortunadamente para nosotros.

Como no se puede camuflar bajo la apariencia progresista de la Ideología de Género, un hecho contundente, que nuestra inconsistencia mental pretende ser Dios hasta el punto de creer que puede doblegar a la naturaleza sin que ésta se resienta y actúe en consecuencia desechando a quienes se han llegado a apartar tanto de la racionalidad como para contradecir su curso con el único fin de satisfacer el tributo debido al ídolo del dinero-prestigio y/o satisfacer sus instintos más animales. Eso también es vanidad y caza de vientos, o como diría el señor Lucas, una hipocresía.

Si observamos, simplificando, hay dos grupos enzarzados en esta vorágine, los idólatras, deslumbrados en su racionalidad por el poder, gente ordenada y seria, y aquellos que a quien sacrifican es a los instintos, menos serios y más desordenados, pero que coinciden, sin embargo, en que la solución a sus problemas pasan por transgredir los límites de lo que es natural. No se llevan muy bien ambos grupos, pero en esa unión de conveniencia, son los segundos los que acaban imponiéndose a los primeros. Efectivamente, por los más inconsistentes es por los que está liderada la política hoy. Llama la atención cómo es posible que una sociedad en pleno siglo 21, habiendo conocido la liberación, siga sacrificando seres humanos a sus dioses, y seres humanos que son sus propios hijos. Porque, lo admitamos o no, son auténticos sacrificios idolátricos lo que se ejecuta con esos niños, unas veces ofrecidos al dios dinero, otras al dios del bienestar, otras al dios del cuerpo, otras a la diosa inconsistencia.

Hay un hecho digno de ser puesto como paradigma, la familia. Se ha dicho hasta la saciedad que la familia ha sido el amortiguador fundamental de la crisis económica de la que no acabamos de salir, bien, pues nadie parece tomar en consideración que al ritmo que va nuestra cultura y sociedad, para la próxima generación, ese colchón que ha sido para nosotros la familia, se habrá esfumado, sencillamente, ya no existirá. La desestructuración y la multiplicación de formatos familiares, como por ejemplo las monoparentales, sólo ocultan una cosa: estamos rompiendo con la realidad. Con tal de no sufrir, hacemos esto, y nuestros sesudos dirigentes e intelectuales no sólo no nos advierten de que huyendo del sufrimiento fácilmente caemos en un sufrimiento mayor, si no que nos animan a adentrarnos por esas sendas. Actitud que adoptan también los padres respectos de los hijos, a quienes tampoco advierten de esa realidad.

Pero no vamos a lograr doblegar a la naturaleza, será esta generación la doblegada, vaya, lo está siendo ya como podemos ver en los ejemplos que nos pone el señor Lucas, donde frente a una situación de desgarro de una sociedad, provocada por una guerra desalmada, no conserva ni un mínimo de lucidez para afrontar el reto, por varias razones, de un lado le falta la necesaria clarividencia para hallar una solución, sus sentidos están embotados de tan mediatizados que se encuentran, por otro lado, la sociedad europea, en su hedonismo, rechaza implicarse como no sea a nivel puramente sentimental, pues ha sido educada en la gratificación hasta las náuseas, llegando, sin ruborizarse lo más mínimo, a contradecir a la naturaleza, a la verdad y a la belleza, con tal de no doblegar sus soberbias ansias de goces mundanos.

El registro en el que hallar la clave de esta situación se encuentra en el espíritu del hombre, que se ha creído tan inteligente que se ha vuelto necio, que ha olvidado de dónde le viene el saber y la sabiduría, que ha renegado de sus orígenes y, consecuentemente, ha perdido de vista a dónde se dirige y ha comenzado a dar vueltas sobre sí mismo en un torbellino demencial que le ha desnortado completamente, y que le ha llevado a dar la espalda a un paradójico secreto, esto es, que “hay mayor felicidad en dar que en recibir”, pero que nadie puede dar lo que no tiene. Y que este hombre del que hablamos, al que se le llena la boca con la palabra amor, sabiendo, porque lo sabía, que amor o es estrega de uno mismo o no es amor, resulta que este hombre, ya no se posee a sí mismo. Consecuentemente es incapaz de darse, consecuentemente es incapaz de amar, y lo es con una incapacidad absoluta.

Ni es dueño de sus pensamientos, ni de sus deseos, ni es dueño de sus actos. Es pues incapaz de entregar su persona y en los casos más graves ni siquiera de entregar sus bienes.

¿Qué tiene de extraño, pues, lo que nos sucede? Lo extraño sería que, desconectados de la naturaleza fuéramos obedientes a ella. Eso sí sería asombroso. Negamos nuestra humanidad, es decir, decidimos que no nos gusta ser lo que somos o como somos, que queremos ser lo que a cada uno se le antoje, sin darnos cuenta de que cada punto de desviación de lo que la naturaleza nos manda, produce una víctima, que siempre habrá alguien que cargará con las consecuencias, alguien que sufrirá a causa de esa libérrima decisión nuestra.

Esto es lo que puede explicar la actitud de Europa para con los refugiados, pues su obnubilación le hace abusar de la manipulación del lenguaje con tal de no llamar a cada cosa por su nombre, no sea que tengamos que afrontar responsabilidades -esta es la época de los eufemismos-, y como todo hijo de papá, trata de solucionarlo todo echando mano a su cartera. Lo que conduce, inexorablemente, a equivocarse repetidamente.

No sólo con los refugiados, con los inmigrantes, con la guerra, con la paz, con los amigos y con los enemigos, con la eutanasia, con el derecho a la vida, con el matrimonio, con la familia, con las religiones, con el laicismo, con el Islam, con el Cristianismo, con la educación, con el proyecto europeo.

De la cristiana Europa nació la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de la apóstata Europa ha nacido su negación en forma de pseudoderechos que contradicen abiertamente y desde el populismo más relativista, aquella Declaración. Y como siempre estos abusos terminan pagándolo los inocentes y entre ellos, los más inocentes, los niños, y entre los niños, los más indefensos, los no nacidos. La cadena del mal tiene siempre la misma estructura, sobre el más débil es sobre quien acaban descargándose siempre las consecuencias de toda irresponsabilidad y de todo desvarío, sobre el único al que no se le pueden achacar responsabilidades porque no tiene acceso a decisión alguna, ese que todos los partidos dicen querer proteger y defender. Los auténticos inocentes. Esto también es cazar vientos.

Don Antonio, ciertamente “anda el mundo muy del revés”, como usted dice, y efectivamente, como también dice usted, “a los de la indiferencia les termina golpeando la historia”. Ya sé que usted no lo refiere a lo que lo refiero yo, pero son frases muy certeras.

Estamos en el año, declarado por su santidad Francisco, de la misericordia, eso quiere decir que quienes sean culpables de toda esta situación pagarán por ello, cada uno en su medida, a no ser que cambien de actitud y se conviertan de corazón, entonces, y sólo entonces, alcanzarán misericordia junto con las víctimas, pues los inocentes la tienen garantizada.

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RESPONDER A LAS AGRESIONES

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EL CIELO PROCLAMA LA GLORIA DE DIOS, EL FIRMAMENTO PREGONA LA OBRA DE SUS MANOS

Estamos de nuevo viviendo un reverdecer del anticlericalismo y un exacerbarse de las actitudes laicistas que están siendo expresadas, en algunos casos, con actos de abierta profanación de lo que muchos consideramos “sagrado”.

Es fácilmente constatable la intención de profanar y de escandalizar que muestran los protagonistas de dichos actos. Llama, sin embargo, la atención el empeño de estos en negar su intención ofensiva y, en casos, blasfema. Como  llama la atención lo descarada y abiertamente beligerante de sus actuaciones. En realidad tratan así de ocultar lo obvio y justificarse ante la justicia y, quizás, ante la sociedad.

La pretensión de justificarse ante la sociedad cuando dicen “no queremos ofender”, es vana en el sentido de que ante los que piensan como ellos, con más o menos radicalidad, están ya sobradamente justificados. Y ante el resto de la sociedad, hablemos del segmento de creyentes o hablemos del resto que no siéndolo rechaza tal especie de exabruptos, no tienen justificación posible por lo violento de sus acciones. Y ante la justicia se me antoja un intento vano, pues hace tiempo que ésta elude aplicar la ley en determinado tipo de infracciones. Veremos qué actuación tienen los jueces en estos asuntos que no hace falta describir porque están hoy en la mente de todos: la blasfemadora del ayuntamiento de Barcelona, los titiriteros de Madrid, la profanación de la capilla de la Complutense, la exposición del blasfemo de Pamplona, etc.

¿Por qué le sucede esto a la justicia española? Pues porque gran número de jueces se pliegan a la que les parece la corriente mayoritaria, otros, porque ponen su ideología por encima de la legislación, la cual querrían cambiar y, de hecho, cambian con su libérrima interpretación de la leyes y sus, nada ajustadas, resoluciones, invadiendo de hecho el espacio del legislativo, y otros lo hacen por miedo a la fiscalización de la prensa, que mayoritariamente cierra filas con lo que hoy es políticamente correcto, es decir lo que se ha dado en llamar, el pensamiento único. En los casos que nos ocupan, se amparan en la libertad de expresión y en la de creación.

Por parte, pues, de los jueces, no parece haber respuesta, así, en general. ¿Pero cómo está respondiendo la sociedad a esta corrupción de las costumbres? Aunque parece darse un amplio rechazo, la mayoría calla, pero hay una minoría que está activamente saliendo al paso de estos fenómenos, unos denunciando por la vía civil o penal dichos atropellos, pero sobre este procedimiento, ya he dicho que es un intento que tan sólo es útil para dejar constancia ante la historia de la dejación de funciones de un estamento clave para el funcionamiento del Estado de Derecho, otros responden manifestando su rechazo de diversos modos.

Entre estos últimos se produce una contradicción, los que expresan su disposición a perdonar y los que no se plantean el perdón y responden airadamente a los causantes de los desmanes descritos.

La justicia humana y la justicia divina son diferentes, en su origen y en su término. La justicia divina busca que el pecador se convierta de sus malas acciones para que alcance la Vida, y por eso perdona, para darle ocasión a cambiar. La justicia humana penaliza y/o separa de la sociedad al infractor, como medio para su rehabilitación. El perdón no es ingrediente de la justicia humana mas que en casos muy excepcionales y siempre en forma de indulto.

¿Cuál es, pues, la actitud que se esperaría de un seguidor de Cristo, quien en su vida entre nosotros se mostró como maestro de la justicia divina?

Lo propio es actuar como actuó Él, que perdonó sin esperar a que el agresor se arrepintiera de su culpa, dejándose crucificar. Pasa que este perdón se realiza como una actitud del corazón, actitud que consiste en condenar la mala acción y perdonar a su autor, y, además, es un don. ¿Eso significa que la justicia humana no cuenta para un creyente? Sí cuenta. La justicia humana cuenta y mucho porque es la ley, y la ley tiene una misión, denunciar de pecado. Por eso es fundamental que los jueces ejerzan correctamente y con fidelidad el papel que tienen asignado en el Estado de Derecho, porque es la ayuda necesaria para rehabilitar al que comete un delito, de no ser así, se le está diciendo al delincuente que puede seguir delinquiendo porque, incluso eso, está bien.

La contradicción entre los creyentes es, pues, la respuesta airada a tales provocaciones porque excluye el perdón y, la verdad es que, hoy especialmente, la sociedad está necesitada de un testimonio terminante del amor de Dios. Así, quien no pueda perdonar, haría bien en no hablar ni actuar en nombre del cristianismo, pues el resentimiento no ofrece servicio alguno de provecho a los demás.

Tan malo es buscar disculpas al mal cometido, algo innecesario ya que el perdón cristiano no requiere ni de disculpa ni de justificación, es Cristo quien justifica, y disculpar es algo que se ha hecho incluso desde altas instancias jerárquicas, como mala es la actitud justiciera de quien cree que lo que hay que hacer es castigar con la máxima dureza dando a cada uno su merecido, así, sin más consideración, pues lo uno responde a una actitud moralista y lo otro es una respuesta vengativa. Y la venganza, en la Escritura, está reservada a Dios.

La Escritura nos enseña, por otro lado, con términos claros, que los jueces son necesarios y que su función debe ajustarse a determinados parámetros, así dice el libro de los Proverbios en el capítulo 18,5: No está bien rehabilitar al malvado  y condenar al justo en el juicio. Y añade en Qoelet 8:11-12 ¡Otro absurdo!:  que no se ejecute en seguida la sentencia de la conducta del malvado, con lo que el corazón de los humanos se llena de ganas de hacer el mal;  que el pecador haga el mal cientos de veces, y se le den largas. Y aún en el capítulo 10 del Eclesiástico, señalando la importancia de la ejemplaridad, se nos advierte: “El juez sabio, adoctrina a su pueblo, la autoridad del sensato está bien regulada. Según el jefe del pueblo, así serán sus ministros, como el jefe de la ciudad, todos sus habitantes. El rey sin instrucción arruinará a su pueblo, la ciudad se edifica sobre la prudencia de sus dirigentes. En manos del Señor, está el gobierno de la tierra, a su tiempo suscita para ella al que conviene”.

Claro que lo “conveniente” para Dios no suele coincidir con lo que nosotros entendemos por conveniencia. Y ante nuestro rechazo a las acusaciones de deslealtad que nos hace Dios, por ejemplo a ese “no queremos ofender” que argumentan los que no respetan los Derechos Humanos, concretamente el de Libertad Religiosa, nos responde la Escritura con Malaquías en su capítulo 3, 13-19:  … Y todavía decís: ¿Qué hemos dicho contra ti? – Habéis dicho: Es inútil servir a Dios; ¿qué ganamos con guardar sus mandamientos o con reconocer nuestras culpas ante el Señor? Más bien hemos de felicitar a los arrogantes, que aun haciendo el mal prosperan, y aun tentando a Dios escapan impunes. Ese día que estoy preparando se convertirán en mi propiedad personal, dice Yahvé; y seré indulgente con ellos como es indulgente un padre con el hijo que le sirve. Entonces volveréis a distinguir entre el justo y el malvado, entre quien sirve a Dios y quien no le sirve. Está para llegar el Día, abrasador como un horno; todos los arrogantes y los malvados serán como paja; y los consumirá el Día que viene, dice Yahvé, hasta no dejarles raíz ni rama.

Pues bien, la escritura advierte también a quienes pervierten la ley en el capítulo 5,20-23 de Isaías: ¡Ay, los que llaman al mal bien, y al bien mal, que dan oscuridad por luz, y luz por oscuridad; que dan amargo por dulce, y dulce por amargo! ¡Ay, los sabios a sus propios ojos, y para sí mismos discretos!  ¡Ay, los campeones en beber vino, los valientes para escanciar licor,  los que absuelven al malo por soborno y quitan al justo su derecho!

Efectivamente, el corrupto va a tener su castigo en su propia corrupción. Nos encontramos en una época en la que el rechazo a Dios es el caldo de cultivo en el que se mueven los líderes  y gobernantes arrastrando a la mayoría tras sí. Pues bien, en la epístola a los Romanos, Pablo nos dice en su capítulo 1,18-22: En efecto, la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que aprisionan la verdad en la injusticia;  pues lo que de Dios se puede conocer, está en ellos manifiesto: Dios se lo manifestó. Porque lo invisible de Dios, desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia a través de sus obras: su poder eterno y su divinidad, de forma que son inexcusables;  porque, habiendo conocido a Dios, … se ofuscaron en sus razonamientos y su insensato corazón se entenebreció:  jactándose de sabios se volvieron necios, … ¿No es asombrosa la correspondencia de estas citas con la realidad en la que estamos inmersos?

Y es que prescindir de la Sabiduría que nos ha sido revelada conlleva, efectivamente, unas consecuencias que ya hoy podemos comprobar en carne propia y que nos muestra ese gran profeta que es Isaías, en el final del capítulo 2 y parte del capítulo 3, que transcribo en traducción libre: Así dice el Señor: Maldito quien idolatra al hombre, y hace de la carne su apoyo, y del Señor se aparta en su corazón. Pues he aquí que el Señor está quitando de Occidente y de su pueblo todo sustento y apoyo; Les daré mozos por jefes, y mozalbetes los dominarán. Se rebelará el mozo contra el anciano, y el vil contra el hombre de peso. ¡Ay de ellos, porque han merecido su propio mal! A mi pueblo le oprime un mozalbete, y mujeres lo dominan. Pueblo mío, tus regidores vacilan y tus derroteros confunden. El Señor demanda en juicio a los ancianos de su pueblo y a sus jefes… Tus gentes a espada caerán, y tú, asolado, te sentarás por tierra.”

Efectivamente, grande es la confusión a la que los poderosos de la tierra nos han abocado. Eso, ciertamente, es con lo que nos encontramos ya hoy como justa consecuencia de la impiedad que se ha enseñoreado de nuestra sociedad occidental.

Pero nos recuerda el Salmo 31,10, que hay esperanza: Los malvados sufren muchas penas; al que confía en el Señor, la misericordia lo rodea.

 

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Las Religiones y el poder

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En Jesucristo, el poder es la misericordia.

En el periódico LEVANTE, D. Roberto Cantos, escribe un artículo fechado el 14 de enero titulado: Las Religiones y el poder. A continuación comento algunas de sus afirmaciones y el texto suyo, en negro, es el siguiente:

En torno a la mitad del siglo pasado, en el centro de la Plaza de la Merced, en Valencia, se encontraba un pequeño quiosco de prensa. Los domingos, bajaba de mi casa de la mano de mi padre y me compraba El guerrero del antifaz. Recuerdo que en sus viñetas competían, por Alá y por Santiago, Ali Kan y el Guerrero por saber quién mataba más cristianos o más moros. El autor de aquel tebeo «para niños» inclinaba la balanza a favor del Guerrero. Mataba más moros. Los historiadores parece que le dan la razón. La religión más sangrienta seguramente ha sido el cristianismo.

Si tenemos en cuenta que la población mundial ha crecido exponencialmente en el último siglo, tendrá el señor Cantos que reconocer que su apreciación final es gratuita y tendenciosa. Y lo digo, no porque entre el comunismo y el nacismo hayan superado con creces la cifra de muertos ocasionados por los cristianos, no por el cristianismo como dice él, sino también porque en un alarde minimalista reduce el mundo a Europa, como si en el resto de continentes donde el cristianismo apenas existía hasta hace un par de cientos de años, no hubiera habido guerras y muertes. Según A. Cagliani, durante el segundo milenio las guerras causaron 148 millones de víctimas, pero casi dos tercios de ellas fueron ocasionadas durante las contiendas habidas en el siglo XX, que como es sabido no fueron guerras de religión. Del tercio restante habría que ver cuantas se le podrían asignar al Islam, de cuya expansión fuimos víctimas entre el primero y segundo milenio. Y según Ciencia Popular, sólo en el área asiática se contabilizan 222.000.000 de victimas desde el año 750 DC.

Las ideas religiosas, sean o no integristas, conllevan el germen del fundamentalismo en su propia entidad. Promulgan su «verdad» como la única, y niegan cualquier otra «verdad» como válida o respetable, Aquel que no siga sus dogmas y es un extraño a sus predicamentos, es un malhechor y merecedor del castigo divino.

Las ideas religiosas, mejor me refiero solamente a las ideas cristianas, es verdad que se distinguen de los planteamientos de las ideologías en que parten de una verdad a la que le reconocen un valor universal, y a las que sus seguidores voluntariamente se someten, contrariamente, las ideologías no reconocen los dogmas de los que parten porque afirman no estar dispuestos a someterse a ningún dogma, pero dan un valor absoluto a sus convicciones; sin embargo, contrariamente a lo que pasa en el cristianismo que no impone su fe, ellas, las ideologías, sí tratan de someter a toda la sociedad a sus verdades absolutas. Y respecto al castigo divino, sólo recordarle que es uno mismo quien lo elige. Castigo que consiste en negarse a disfrutar de la misericordia divina.

La historia está llena de evidencias al respecto. Las Cruzadas, las Guerras de Religión francesas, entre católicos y los protestantes hugonotes, la Guerra de los Treinta Años, los problemas en Irlanda del Norte, La Inquisición?etc.

El fin del siglo XX y principios del presente siglo, son una explosión de los valores laicistas de la Revolución Francesa. Ya sabemos cómo se impusieron entonces y ya estamos viendo cómo se está tratando de imponerlos ahora. Sobre el número de víctimas ya hemos dicho algo más arriba con datos que desbaratan las afirmaciones del autor, pero quiero añadir una reflexión de Alan Kors escrita en 2003: ‘Ninguna causa, jamás, a lo largo de la historia humana, ha producido más tiranos de sangre fría, más inocentes sacrificados y más huérfanos, que el socialismo con poder. Sobrepasa, con creces, a todos los demás sistemas en la producción de muertos. Sus cuerpos nos rodean. Y ahí radica el problema: nadie habla de ellos. Nadie los honra. Nadie hace duelo por ellos. Nadie se ha suicidado por haber sido un apologista de aquellos tiranos que causaron tanto sufrimiento. Nadie paga por ellos. Nadie es detenido para rendir cuentas. Es exactamente lo que Solzhenitsyn previó en Archipiélago gulag: “No, nadie tendrá que responder. Nadie podrá ser examinado’.”

En tiempos de la Revolución Francesa y el Siglo de las Luces la Iglesia Católica se opuso férreamente a las libertades individuales y a la democracia. La Iglesia Católica no quería ceder su poder, la resistencia fue férrea. Vinieron excomuniones, sermones, encíclicas, alianzas con dictadores como Franco, entre otros. Y al papa León XIII le pertenecen las siguientes palabras: «Es ilegal demandar, defender o conceder libertad incondicional de pensamiento o de palabra, o de prensa, o de culto, como si éstos fueran derechos que la naturaleza le ha dado al hombre». El Cristianismo sin duda ha sido un factor en muchos conflictos a lo largo de sus 2.000 años de historia. Las religiones monoteístas generan personas fundamentalistas, intolerantes y excluyentes

Si muchos han sido los conflictos generados por los cristianos, permítame el señor Cantos que le invite a reflexionar sobre el mucho bien que a lo largo de esos mismos siglos han hecho los cristianos de todos los tiempos. Ya sé que no quiere verlo ni reconocerlo, pero algún día podrá constatarlo. ¿Por qué será que desde mi óptica son las ideologías las que generan personas fundamentalistas, intolerantes y excluyentes? Al final, encasillarse reduciendo el horizonte a cuatro consignas, le puede suceder a un cristiano como a un laicista, vaya, a cualquiera. Si hacemos memoria, en los últimos 200 años podemos ver ejemplos claros, Robespierre, Napoleón, Lenin, Hitler, Musolini, Stalin, Mao, Jo Chi Min, Fidel Castro, Pol Pot, Gaddafi, Chaves, Maduro, etc. Eso sin contar a los muchos dictadores africanos.

Una frase del artículo que comento y que viene a continuación es perfectamente ilustrativa de los que acabo de decir:

Y es en su lucha por el poder cuando muestran su cara más cruel.

Efectivamente; y continúa el articulista:

En el Islam, la palabra yihad literalmente significa «lucha», pero el concepto ha sido usado para describir la guerra en expansión y defensa del territorio islámico. La casi continua guerra en el Medio Oriente durante el pasado medio siglo, ciertamente ha contribuido a la idea de que la religión es la causa de muchas guerras. Mahoma, el profeta del islam, aquel personaje que no se puede dibujar porque levanta la ira de miles de personas, tuvo dos caras durante su labor «evangelizadora». Uno es el Mahoma de la Meca, cuando estaba iniciando sus prédicas y no tenía poder, y otro es el Mahoma de Medina, ya con poder político y eclesiástico. El versículo 257 del sura 2 del Corán dice: «No se puede imponer la religión por la fuerza». Pero este es un versículo de cuando Mahoma no tenía ningún poder, y fue abolido por otros posteriores, de cuando sí lo tenía, como el versículo 5 del sura 9 que dice: «Mata a los infieles donde los encuentres». O el versículo 12 del sura 8 que dice: «Yo sembraré el terror en los infieles y vosotros cortad sus cabezas». Los testigos de Jehová dejan morir por la negación de una transfusión de sangre. En el Judaísmo, las guerras de conquista registradas en el Antiguo Testamento, fundamentalmente en el libro de Josué, bajo el mandato de Dios, conquistaron la Tierra Prometida. La religión más dañina aquella que se alza con el poder político. Decía Voltaire que quien puede conseguir que se crean absurdos puede conseguir que se comentan atrocidades.

También decía Voltaire: “Proclamo en voz alta la libertad de pensamiento y muera el que no piense como yo”. Frase que le retrata y que, como buen precursor que fue de ella, retrata el devenir de la Revolución Francesa.

Solo por medio de la educación en los derechos humanos y la razón podremos hacer que nos hagamos consientes de la separación de la Religión y el Estado y que promovamos el laicismo.

El laicismo es la religión de los que rechazan cualquier religión, aunque generalmente ese rechazo se ceba con el catolicismo. La realidad es que acusa al cristianismo de imponer, que no digo que no haya sucedido en alguna época, pero hoy, de hecho, son ellos, los laicistas, los que tratan por todos los medios de imponer sus tesis, cosa que también hace alguna que otra religión, como el Islam, como el autor mismo afirma.

Soy pesimista pero sólo el tiempo dirá si la libertad ganará este reto.

En cualquier caso, el reto para la libertad no es alcanzar el laicismo sino librarse de sus redes, porque vetar la espiritualidad del hombre es reducirlo, reducción que, en realidad, obedece al miedo que algunos tienen a la auténtica libertad, y me refiero a la libertad con mayúsculas, que es aquella que está adscrita a la verdad, la belleza y la bondad, y no por imperativo, sino por decisión libre de coacción que cada persona ha de tomar en perfecta simbiosis entre su espiritualidad y su recta razón. Al final el laicismo lo que propugna no es, como afirma D. Roberto, llevar a cabo aquello de “dar al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios” que como todo el mundo sabe alude a la separación entre Estado y religión, una aportación importantísima del cristianismo, sino que este mandato lo reducen a un “hay que darlo todo al Cesar”. Es decir, erige al Estado como dios de una religión teocrática: el laicismo.

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LOS MAGOS DE ORIENTE

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Un sin fin de camellos te cubrirá, jóvenes dromedarios de Madián y Efá

Sobre lo que es genuino y lo que no lo es en la fiesta de los Reyes Magos, hemos de considerar algunos argumentos, unos provenientes de la Biblia, otros de la Tradición.

Así, resulta que desde el punto de vista religioso, hay que decir que la fiesta del 6 de enero, celebra la manifestación de Dios al mundo pagano, que esto es lo que significa la “Epifanía”, palabra proveniente del griego, y que es el nombre propio de la fiesta de los Reyes Magos (denominación popular). El Evangelio es cierto que sólo habla de “Magos” de Oriente, hay que tener en cuenta que en aquella época oriente, así en genérico, es el lugar por excelencia de los sabios astrólogos que son los magos, probablemente procedentes de Babilonia, Arabia y quizás India, donde florecía la astrología. Dice el Evangelio, Mt 2, 1-2: “Nacido Jesús en Belén de Judea, en el tiempo del rey Herodes, unos magos que venían de Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo: “¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle.” Esta palabra, magos, los santos Padres la traducen por sabios, que es lo que eran los astrólogos de aquel tiempo, nada que ver con el sentido que la palabra mago tiene hoy en día. En cuanto a la estrella, puede tratarse de un cometa, una conjunción planetaria o un fenómeno cósmico que los sabios interpretaron como el anuncio de un acontecimiento extraordinario y no sólo para el pueblo judío, por eso se pusieron en camino para ir a su encuentro.

A Jesús fueron a adorarle los pastores, gentes del entorno de Belén, o sea, miembros del pueblo judío, en la Epifanía se produce un hecho insólito, gente venida de lejos, paganos, llegan para adorar al niño. Y los acontecimientos que se suceden son los anunciados por las Escrituras. El hecho de que en Jesús se cumplieran las profecías que anunciaban la llegada del Mesías es una de las pruebas clave de que, efectivamente, Él es el Enviado. Es por ello que los Padres de la Iglesia no dudaron en ver en la adoración de los Magos y en las ofrendas con que le agasajaron, el cumplimiento de las profecías que anunciaban estos hechos, profecías como las de Isaías, entre otras: Is 49,23: “Reyes serán tus tutores, y sus princesas, nodrizas tuyas. Rostro en tierra se postrarán ante ti, y el polvo de tus pies lamerán. Y sabrás que yo soy Yahvé; no se avergonzarán los que en mí esperan”; Is 60,5-6: “Tú entonces al verlo te pondrás radiante, se estremecerá y se ensanchará tu corazón, porque vendrán a ti los tesoros del mar, las riquezas de las naciones vendrán a ti. Un sin fin de camellos te cubrirá, jóvenes dromedarios de Madián y Efá. Todos ellos de Sabá vienen llevando oro e incienso y pregonando alabanzas a Yahvé“; sal 72,10: “los reyes de Tarsis y las islas  traerán consigo tributo.  Los reyes de Sabá y de Seba  todos pagarán impuestos; 11 ante él se postrarán los reyes,  le servirán todas las naciones“ y Nm 24,17; “17 Lo veo, aunque no para ahora, lo diviso, pero no de cerca: de Jacob avanza una estrella un cetro surge de Israel.” Y así lo atestigua también Mateo en su Evangelio, capítulo 1, versículo 11: “Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra”.

Los Padres ven simbolizados en estos regalos la Realeza, oro, la Divinidad, incienso y la Pasión, mirra, de Cristo. La adoración de los Magos da cumplimiento a las profecías mesiánicas sobre el homenaje de las naciones al Dios de Israel, tal como hemos leído en las profecías.

Por lo que no es de extrañar que la fiesta popular fuera conformándose partiendo de estos textos, avalados por su interpretación por parte de la Tradición. Y como tal fiesta popular, acabó conformando una muy concreta cultura adornada con, también concretas costumbres, el belén en las casas, los regalos a los niños, la cabalgata de los Reyes Magos, la estrella de Navidad, etc.

Por eso, si se habla de que los magos eran reyes, es porque las profecías hablan de la pleitesía que le tenían que ofrecer los reyes de las naciones paganas, por tanto en el sentido profundo de la fiesta, corresponde a los adoradores la categoría de reyes, de tal manera que si estos hechos que celebramos hubieran sucedido en nuestra época, probablemente hablaríamos de presidentes. Eso la religiosidad popular lo ha captado muy bien, aparte que ha sido inspirada por los santos Padres.

Por otro lado, si los presentes ofrecidos a Jesús fueron oro, incienso y mirra, tres regalos, no es tampoco absurdo que se pensase que eran tres los que los portaban. Lo mismo que el hecho de que tradicionalmente se hayan representado montados en camellos, tal y como los describen las profecías.

De lo antedicho se desprende que la fiesta popular viene inspirada por un gran respeto y fidelidad a la fiesta religiosa.

Entendiéndolo así vemos que no sólo no es gratuita la interpretación generalizada y convertida en costumbre, sino que además de no serlo, es profundamente fiel a sus orígenes.

Es por eso que toda tergiversación, adulteración o pretendida actualización, está condenada a devaluar el sentido original de la fiesta. Y es, así mismo, por eso que las actuaciones encaminadas a despojar a la fiesta de sus componentes originarios, tienen como consecuencia desvirtuar la celebración, sus raíces históricas y el mensaje que transmite a la infancia. Generalmente eso es justamente lo que se busca por parte de quienes se empeñan, abusando de su autoridad, en intervenir la fiesta. Habrá quien por ignorancia no pretenda eso, pero en definitiva es lo que consiguen entre unos y otros.

Por otro lado y sobre la polémica suscitada sobre si en Roma, el Papa había hecho aparecer en la liturgia a reyes magos femeninos, hay que decir que los tres menores invitados a llevar las ofrendas en la Misa celebrada por el Papa Francisco en la Basílica de San Pedro, eran “Sternsinguer” y que tal y como explica el Centro Alemán de Información, la palabra “Sternsinguer” hay que traducirla por “Cantores de la Estrella” y que estos cantores de la estrella son jóvenes de ambos sexos que, en su país, y vestidos con túnicas y coronas, se dedican a ir del 27 de diciembre al 6 de enero de casa en casa, pidiendo dinero para labores benéficas y que generalmente van en grupos de tres, simulando a los Reyes Magos. Y esta es la realidad y no la que, equívocamente, se ha propagado.

Decir que la fiesta de los reyes es una fiesta fruto del consumismo de nuestra sociedad es ignorar que el belén o nacimiento es una costumbre iniciada por San Francisco de Asís, muy lejos de nuestra época consumista. Y así el resto de los elementos que la componen.

No por eso deja de ser cierto que la fiesta se ha convertido en objeto de comercio y de excesos que nada tienen que ver con lo que celebramos, pero eso es algo contra lo que estamos llamados a combatir para evitar que ese, acabe siendo el único leitmotiv de la fiesta. Porque eso es justamente lo que querrían conseguir quienes, esos sí, buscan de cualquier modo despojarla de cualquier componente religioso.

Si además escuchamos el libro del Apocalipsis, por tanto, una profecía, cabe pensar que pendiente de cumplimiento, nos encontramos con que en el capítulo 15 versículo 4 dice: “¿Quién no temerá, Señor, y no glorificará tu nombre? Porque sólo tú eres santo, y todas las naciones vendrán y se postrarán ante ti, porque han quedado de manifiesto tus justos designios» y en el versículo 24 del capítulo 21: “Las naciones caminarán a su luz, y los reyes de la tierra irán a llevarle su esplendor”. Es decir, renovar cada año a través de esta fiesta los hechos acaecidos en el pasado supone, además, hacer presente que la historia de la salvación tiene un fin en el que se producirá una nueva Epifanía, en la que, de nuevo, se dará cumplimiento a estas últimas profecías  sobre el reconocimiento, por parte del mundo pagano, del señorío de Jesucristo.

Así de importante es especialmente hoy el mantener y celebrar en todos sus términos esta fiesta, la más importante para la Iglesia ortodoxa y, probablemente, la más antigua, anterior incluso a la misma Navidad, para la Iglesia universal.

 

 

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LO QUE LA IZQUIERDA DICE DE LA DERECHA

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Un velo impide ver, no ver impide entender.

 

En el periódico Levante, con fecha 31 de Diciembre del pasado año, un, parece que eminente, sociólogo, don Alberto Moncada, escribe un breve artículo que comienza así:

En España la derecha es más extremosa porque, al contrario de Francia e Italia, aquí no tenemos un partido de extrema derecha de modo que a veces el Partido Popular tiene que aceptar los criterios ultra, como se ve en la legislación sobre el aborto que mantiene el permiso de los padres para que las adolescentes puedan abortar.

Llama la atención el análisis que hace este sociólogo, aunque por el tono que emplea da la impresión de que habla más como militante de izquierdas que como sociólogo.

Y llama la atención que diga que la derecha es más “extremosa” en España que en otros países dado que no tiene constituido partido alguno de extrema derecha, al contrario que en esos otros países que sí lo tienen. El razonamiento es realmente aplastante. Razonamiento que utiliza para explicar el por qué del cambio introducido en la ley del aborto por el PP y llama ultra al hecho de considerar que una menor de edad es sencillamente una menor de edad. Para mí, sin embargo, lo que es ultra es extremar la ideología de la autonomía de la madre hasta hacerla pasar, no ya por encima del padre que algo tendrá que ver en un embarazo o por encima de la vida y los derechos del niño, protegidos por la Declaración Universal de los Derechos Humanos, sino también por encima de la lógica, cuando declara a una menor apta para comportarse como mayor de edad, exclusivamente, para tomar la decisión de abortar. Este planteamiento si resulta ultra, se mire por donde se mire.

Y continúa:

La derecha suele ser más rural que urbana y menos escolarizada que los partidos progresistas. Es conservadora en dos sentidos, aprecio por la tradición y miedo al cambio. Su sentido de la lealtad grupal es grande. Por eso no le ha pasado tanto la factura al PP por la corrupción. La izquierda es más autocrítica.

O sea, que después de sesudos estudios queda demostrado que la derecha, no queda claro si la extrema o la otra, es más rural y más analfabeta que la izquierda, aserto que no requiere, parece, demostración ninguna. Si alguien se toma la molestia de mirar el mapa que el periódico El País tiene publicado sobre el resultado de las elecciones pueblo a pueblo, verá hasta qué punto la afirmación puede ser gratuita, y si mira el mismo mapa en pasadas elecciones, quizás le quede más clara aún la gratuidad de la afirmación de don Alberto, aunque este aspecto es lo de menos. La segunda afirmación sobre la fidelidad de los votantes es de envergadura similar a la anterior, basta contemplar el espectáculo andaluz en el que la fidelidad de los votantes de izquierdas es ejemplar a pesar del espolio que contra las clases más desfavorecidas se ha cometido allí. En cuanto a la capacidad autocrítica, ni la izquierda ni la derecha, ambas nos tienen acostumbrados a que tras las elecciones, sea cual haya sido el resultado, toca salir a la palestra y afirmar que han vencido, así, todos, del signo que sea. Pero es igual, el señor Moncada parece no considerar este detalle. En cuanto al miedo, es posible que aquí acierte, pero la derecha tiene tanto miedo al cambio como la izquierda lo tiene a la libertad, puesto que en su praxis abunda el intervencionismo y la tendencia a manipular la sociedad.

Luego continúa:   

En España todavía hay muchos franquistas, incluso entre los jóvenes, como se ve por la pervivencia de la Falange. No obstante hay una derecha moderna, defensora del capitalismo, al que protege y defiende contra los avances laborales. Después de un largo período de gobierno del Partido Popular, estamos en vísperas de presenciar un debate parlamentario, que muy probablemente situará a la derecha en la oposición. Será interesante observar como se comporta en esa situación.

Parece evidente, al final de este artículo, que la voluntad expresa del señor Moncada es la de identificar la derecha con el franquismo, como si antes de Franco no hubiera existido derecha alguna. Y eso, sociológicamente, ni se sostiene ni tiene otra explicación que la de la manipulación ideológica a la que aludía antes.

A continuación introduce una apostilla como queriendo lavar la imagen de la derecha diciendo que hay una derecha moderna, eso sí, derecha que va contra los derechos de los trabajadores, y el lector no puede sino añadir mentalmente: exactamente igual que la derecha antigua… O sea que la derecha moderna no es sino la derecha de siempre. No queda sino concluir que no tiene nada de moderna. Aquí se sigue el mismo principio de sembrar dudas para cosechar aversión a la derecha.

Una última idea, del mismo corte, aparece en el trabajo del señor Moncada, tiene interés en ver cómo actuará la derecha en la oposición, como haciendo planear sobre nuestro inmediato futuro político una sombra de duda sobre si la derecha será lo suficientemente democrática como para aceptar su derrota. Y dice todo esto olvidando que la derecha ha estado más años en la oposición que en el gobierno. De modo que cuestionando el talante democrático de los conservadores, se deja en la mente del lector una duda clave para descalificar a toda la derecha. Como se ve, todo muy científico, vaya que sí.

En este trabajo si algo resulta evidente es la expresa intención de encasillar a todo el que no piensa como el autor, enmarcando el perfil de las derechas en una deformación ritual de los datos reales hasta transformarlos en pura caricatura fruto de una muy concreta ideología.

En realidad son los mantras de siempre, y escribo este comentario porque pienso que ya va siendo hora de desenmascarar este tipo de rutinas, y porque creo sinceramente que no es bueno que el modo de relacionarse, derecha e izquierda, únicamente sea el de la acusación y la descalificación.

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VOTAR EL MAL MENOR

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Un brote de agua pura, aunque pequeño, es un bien inmenso.

 

Ciertamente eso de votar el mal menor se nos muestra como lo más sensato, pero la verdad es que yo lo veo como una tentación, pues sucede que el partido que representa el mal menor para nosotros, los que queremos conservar el patrimonio heredado de nuestros padres, nos ha defraudado. ¿En qué nos ha defraudado?, nos ha defraudado porque llevaba en su programa gran parte de las aspiraciones de un amplio segmento de población a la que le prometió actuaciones que no tenía intención de cumplir, como hoy sabemos y entonces intuíamos muchos, tal y  como los  cambios de discurso y actitudes permitían presumir ya antes de las últimas elecciones cuando su presidente se rodeó de gente del ala progresista del PP y redujeron toda su programa a lo económico.

A mi modo de entender, entre los muchos incumplimientos, los más palmarios son:

  • Lucha contra la corrupción, la legislación aprobada deja todavía entresijos por los que deambular al margen de la ley.
  • Lucha contra los terroristas, los etarras siguen en las instituciones.
  • Restablecimiento de la independencia judicial, se ha empeorado la situación heredada.
  • Derogación de la ley del aborto, ni intención.
  • Contención de la movilización nacionalista, se les ha dejado funcionar al margen de la ley durante cuatro años.
  • Derogación de la ley de la Memoria Histórica recuperando la reconciliación frente a los que, ayudados por Zapatero, reabrieron heridas con su sectarismo.
  • Y embridar a la desbocada administración para no cargar sobre los hombros de los ciudadanos la factura de los desmanes financieros de los políticos.

La realidad es que ha hecho más bien lo contrario, justo lo contrario de lo prometido. Y esto sin aludir a la desmesurada subida de impuestos.

Lo que han acabado haciendo era previsible no sólo por sus posicionamientos antes de las elecciones al interno del partido, sino por todo lo que hemos ido sabiendo posteriormente. Es decir, que siendo que el partido mismo andaba metido, como organización, en la corrupción, era consecuencia inevitable que gran número de sus miembros lo acabara haciendo a título personal. Permisividad total frente a la corrupción. Conscientes de ello, no podían cumplir la promesa de restablecer la independencia judicial porque suponía poco menos que meterse en la boca del lobo y consecuentemente lo que hicieron, con la connivencia del PSOE que andaba en los mismos trapicheos corruptos, es intervenir políticamente la totalidad de la judicatura por ver si así se libraban de la que se les venía encima, y en parte lo están logrando.

Por otro lado, las deudas, económicas y morales, contraídas con la gran banca les desaconsejaba abandonarla a su suerte y dada la interdependencia entre sus cuadros en lo tocante a las responsabilidades penales y políticas por sus actos de pillaje y la irresponsabilidad de su gestión, se encontraban comprometidos y obligados a silenciar la disidencia. Por otra parte apenas se redujo la administración y la carga principal del desfalco se convirtió en carga impositiva, principalmente, para la clase media y en miseria para las clases bajas.

En cuanto a la lucha contra el nacionalismo excluyente, nada, excepto dejarles hacer.

De las promesas incumplidas y aquí reseñadas, nos pesa especialmente la de la ley del aborto. Ese incumplimiento es debido al escoramiento que su presidente ha impreso en la cúpula del partido rodeándose, como decíamos antes, de personas que ya hacía tiempo que habían abandonado sus principios, desentendiéndose de aquellos que representaban el ideario del PP en anteriores legislaturas. Resulta evidente que  el presidente se siente bien acompañado por la nueva cúpula y ahora es cuando se ve con claridad que a él personalmente tanto le da ser que no ser. El hecho es que en las listas para esta convocatoria de elecciones han desaparecido todos los que siguiendo su conciencia decidieron votar “no” a la pésima reforma de la ley del aborto, ellos representaban el último resquicio de conexión con los votantes conservadores, es decir, los que mantenemos unos principios que consideramos inalienables.

Hoy la situación no ha variado mucho. El PP se ha deshecho de muchos de los responsables conocidos de tanto fraude a la sociedad, me refiero a los corruptos declarados, los no declarados ya veremos si se libran, pero su cúpula se muestra satisfecha de la deriva tomada que se traduce en el abandono de los principios que hasta hoy sostenían en su programa, veremos para estas elecciones qué programa nos presentan, va a ser revelador, y es así como dejan a una parte importante de su electorado sin referente político. Que no sepamos ver venir el engaño pase, pero si te engañan dos veces las mismas personas y con los mismos argumentos, la segunda vez que te engañen es responsabilidad tuya.

Y me pregunto ¿pero es realmente este el mal menor?

¿O no será que votándoles vamos a “confirmarles” en sus errores y les vamos a animar a continuar profundizando en su relativismo moral hasta madurar en su incipiente pero claro sesgo socialdemócrata que acabará sin duda desarrollando un totalitarismo más o menos solapado fruto de su recién estrenada ideología?

¿No será, pues, que no llamándoles a la verdad se van a sentir autorizados y respaldados por nosotros a seguir, no sólo legislando en contra de lo que entendemos por dignidad humana sino profundizando en su dinámica de intervención en ámbitos que no les corresponde como son los relativos a la moral y las costumbres, tal y como entiende la política la izquierda empeñada en hacer ingeniería social hasta transformar a la sociedad según la ideología marxista en la que se apoyan? Esto está ocurriendo hoy en Madrid donde el PP ya ha editado un panfleto para imponernos la ideología de género.

Entiendo que si todos aquellos que, por razones éticas, religiosas o de tradición, defendemos determinados valores, potenciáramos a un partido que asuma los principios que nos unen, aun no ganando, tendríamos una voz que nos representara. Hoy ese partido existe, pero tienen en frente a votantes suyos naturales que piensan que votarles es desperdiciar su voto. No apoyar a un partido que responde mejor a nuestras aspiraciones se debe pues a una razón de interpretación de la historia, interpretación en la que los católicos, por ejemplo, no estamos de acuerdo una vez más.

Es importante destacar que no es una diferencia de visión respecto a cómo resolver cuestiones temporales, lo cual sería legítimo, sino que lo que está en juego es defender un modelo de Estado respetuoso con la libertad religiosa, la propiedad privada, la libertad de pensamiento, de educación, con respeto absoluto a la vida, dispuesto a ayudar a las familias y entidades inferiores sin intervenir en ellas ni mediatizarlas, en fin, un modelo de Estado ceñido a lo que le es propio a un gobierno y libre de pretensiones absurdas que jamás podrá cumplir y que no le competen, pero que se empeña en prometer, como son cambiar a las personas o crear para los ciudadanos una sociedad feliz.

Por eso mi opción pasa más bien, aún a costa de tener la sensación de estar desperdiciando el voto, por aunar esfuerzos para, de un lado, adoptar una postura conjunta que no ofrezca dudas ni se preste a interpretaciones confusas, en el sentido de no avalar con nuestro voto las opciones que a día de hoy nos han defraudado abiertamente, pues de no ser así de claros, lo que hacemos es contribuir a fortalecer esas posiciones, y de otro lado, abrir la posibilidad de que aparezca una voz discordante en el desafinado concierto al que nos vemos abocados, a través de nuevas opciones que razonablemente, de entrada, se nos muestren como más fiables y próximas a nuestro ideario, aunque hay que reconocer que por ser nuevas, está por ver lo fieles que son al programa que han propuesto, con lo que votarles no supone entregarnos en manos de nadie, debemos permanecer activamente dispuestos a buscar nuevas alternativas si las que hoy se presentan como más próximas a nosotros, se manifestasen también como fraudulentas.

Este es a mi entender el “bien menor” frente al “mal menor” al que tendemos.

Otra interpretación del porqué se considera al PP el mal menor es porque nos lo sugiere el miedo. Pero por una parte “Dios da a cada uno según sus obras”, es decir, el mal que los hombres hemos sembrado en el mundo, produce unos frutos que habremos de cosechar y que sólo puede ser rescatado por aquel que puede. Por otro lado, la verdad es que si creemos que Dios lleva la historia y da a cada uno aquello que más le conviene, podemos descansar en que el mal no va a tener la última palabra.

Dicho de otro modo, pensar que el problema es conseguir que no gobierne el mal, es ridículo, pues ya sabemos quién es el príncipe de este mundo. Pensar que votando a un partido que no tiene principios pero es, aparentemente, menos radical, es decir, que su apariencia nos permite pensar que no es parte del mal, puede conducirnos a un grave engaño, y este engaño es encontrarnos que estemos dando nuestro apoyo a una forma más sibilina de maldad, pues se trata de una velada apostasía. Pensar que en el futuro puede llegar un momento en que una minoría comprometida con sus principios pueda llegar a forzar a ese partido que representa hoy el mal menor, a corregir su rumbo y adoptar principios que ha rechazado habiendo podido ponerlos en práctica en esta legislatura en la que tenía mayoría absoluta, es completamente utópico, porque no van a querer, porque van a interpretar que tienen a todos sus votantes de su parte y los radicales, que habrán aumentado porque nadie les va a hacer frente, no les van a dejar. Por último, en el panorama actual hace falta un Pepito Grillo, un pequeño partido con principios sólidos, que haga la función de remover las conciencias y llamar a la verdad, único modo de que no seamos rotundamente silenciados. Votar al “mal” llamado “menor” implica aceptar que se nos retire la palabra, ni nosotros ni los principios por los que trabajamos van ya a ser escuchados en el parlamento ni en la escena política. Conclusión, de ahí a las catacumbas, que es donde nos quieren ver porque nuestra denuncia les irrita y molesta, como nos advierte la Escritura.

Al final resulta que ellos tienen miedo a la libertad, de ahí su incontenible intervencionismo y nosotros también, de ahí el pretender asegurarnos una categoría de mal que se nos antoja menos lesivo. Y el resultado, probablemente sea que ni así nos vamos a librar de probar la estatura del mal que esta generación ha gestado con su increencia.

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