VOTAR EL MAL MENOR

IMG_5265

Un brote de agua pura, aunque pequeño, es un bien inmenso.

 

Ciertamente eso de votar el mal menor se nos muestra como lo más sensato, pero la verdad es que yo lo veo como una tentación, pues sucede que el partido que representa el mal menor para nosotros, los que queremos conservar el patrimonio heredado de nuestros padres, nos ha defraudado. ¿En qué nos ha defraudado?, nos ha defraudado porque llevaba en su programa gran parte de las aspiraciones de un amplio segmento de población a la que le prometió actuaciones que no tenía intención de cumplir, como hoy sabemos y entonces intuíamos muchos, tal y  como los  cambios de discurso y actitudes permitían presumir ya antes de las últimas elecciones cuando su presidente se rodeó de gente del ala progresista del PP y redujeron toda su programa a lo económico.

A mi modo de entender, entre los muchos incumplimientos, los más palmarios son:

  • Lucha contra la corrupción, la legislación aprobada deja todavía entresijos por los que deambular al margen de la ley.
  • Lucha contra los terroristas, los etarras siguen en las instituciones.
  • Restablecimiento de la independencia judicial, se ha empeorado la situación heredada.
  • Derogación de la ley del aborto, ni intención.
  • Contención de la movilización nacionalista, se les ha dejado funcionar al margen de la ley durante cuatro años.
  • Derogación de la ley de la Memoria Histórica recuperando la reconciliación frente a los que, ayudados por Zapatero, reabrieron heridas con su sectarismo.
  • Y embridar a la desbocada administración para no cargar sobre los hombros de los ciudadanos la factura de los desmanes financieros de los políticos.

La realidad es que ha hecho más bien lo contrario, justo lo contrario de lo prometido. Y esto sin aludir a la desmesurada subida de impuestos.

Lo que han acabado haciendo era previsible no sólo por sus posicionamientos antes de las elecciones al interno del partido, sino por todo lo que hemos ido sabiendo posteriormente. Es decir, que siendo que el partido mismo andaba metido, como organización, en la corrupción, era consecuencia inevitable que gran número de sus miembros lo acabara haciendo a título personal. Permisividad total frente a la corrupción. Conscientes de ello, no podían cumplir la promesa de restablecer la independencia judicial porque suponía poco menos que meterse en la boca del lobo y consecuentemente lo que hicieron, con la connivencia del PSOE que andaba en los mismos trapicheos corruptos, es intervenir políticamente la totalidad de la judicatura por ver si así se libraban de la que se les venía encima, y en parte lo están logrando.

Por otro lado, las deudas, económicas y morales, contraídas con la gran banca les desaconsejaba abandonarla a su suerte y dada la interdependencia entre sus cuadros en lo tocante a las responsabilidades penales y políticas por sus actos de pillaje y la irresponsabilidad de su gestión, se encontraban comprometidos y obligados a silenciar la disidencia. Por otra parte apenas se redujo la administración y la carga principal del desfalco se convirtió en carga impositiva, principalmente, para la clase media y en miseria para las clases bajas.

En cuanto a la lucha contra el nacionalismo excluyente, nada, excepto dejarles hacer.

De las promesas incumplidas y aquí reseñadas, nos pesa especialmente la de la ley del aborto. Ese incumplimiento es debido al escoramiento que su presidente ha impreso en la cúpula del partido rodeándose, como decíamos antes, de personas que ya hacía tiempo que habían abandonado sus principios, desentendiéndose de aquellos que representaban el ideario del PP en anteriores legislaturas. Resulta evidente que  el presidente se siente bien acompañado por la nueva cúpula y ahora es cuando se ve con claridad que a él personalmente tanto le da ser que no ser. El hecho es que en las listas para esta convocatoria de elecciones han desaparecido todos los que siguiendo su conciencia decidieron votar “no” a la pésima reforma de la ley del aborto, ellos representaban el último resquicio de conexión con los votantes conservadores, es decir, los que mantenemos unos principios que consideramos inalienables.

Hoy la situación no ha variado mucho. El PP se ha deshecho de muchos de los responsables conocidos de tanto fraude a la sociedad, me refiero a los corruptos declarados, los no declarados ya veremos si se libran, pero su cúpula se muestra satisfecha de la deriva tomada que se traduce en el abandono de los principios que hasta hoy sostenían en su programa, veremos para estas elecciones qué programa nos presentan, va a ser revelador, y es así como dejan a una parte importante de su electorado sin referente político. Que no sepamos ver venir el engaño pase, pero si te engañan dos veces las mismas personas y con los mismos argumentos, la segunda vez que te engañen es responsabilidad tuya.

Y me pregunto ¿pero es realmente este el mal menor?

¿O no será que votándoles vamos a “confirmarles” en sus errores y les vamos a animar a continuar profundizando en su relativismo moral hasta madurar en su incipiente pero claro sesgo socialdemócrata que acabará sin duda desarrollando un totalitarismo más o menos solapado fruto de su recién estrenada ideología?

¿No será, pues, que no llamándoles a la verdad se van a sentir autorizados y respaldados por nosotros a seguir, no sólo legislando en contra de lo que entendemos por dignidad humana sino profundizando en su dinámica de intervención en ámbitos que no les corresponde como son los relativos a la moral y las costumbres, tal y como entiende la política la izquierda empeñada en hacer ingeniería social hasta transformar a la sociedad según la ideología marxista en la que se apoyan? Esto está ocurriendo hoy en Madrid donde el PP ya ha editado un panfleto para imponernos la ideología de género.

Entiendo que si todos aquellos que, por razones éticas, religiosas o de tradición, defendemos determinados valores, potenciáramos a un partido que asuma los principios que nos unen, aun no ganando, tendríamos una voz que nos representara. Hoy ese partido existe, pero tienen en frente a votantes suyos naturales que piensan que votarles es desperdiciar su voto. No apoyar a un partido que responde mejor a nuestras aspiraciones se debe pues a una razón de interpretación de la historia, interpretación en la que los católicos, por ejemplo, no estamos de acuerdo una vez más.

Es importante destacar que no es una diferencia de visión respecto a cómo resolver cuestiones temporales, lo cual sería legítimo, sino que lo que está en juego es defender un modelo de Estado respetuoso con la libertad religiosa, la propiedad privada, la libertad de pensamiento, de educación, con respeto absoluto a la vida, dispuesto a ayudar a las familias y entidades inferiores sin intervenir en ellas ni mediatizarlas, en fin, un modelo de Estado ceñido a lo que le es propio a un gobierno y libre de pretensiones absurdas que jamás podrá cumplir y que no le competen, pero que se empeña en prometer, como son cambiar a las personas o crear para los ciudadanos una sociedad feliz.

Por eso mi opción pasa más bien, aún a costa de tener la sensación de estar desperdiciando el voto, por aunar esfuerzos para, de un lado, adoptar una postura conjunta que no ofrezca dudas ni se preste a interpretaciones confusas, en el sentido de no avalar con nuestro voto las opciones que a día de hoy nos han defraudado abiertamente, pues de no ser así de claros, lo que hacemos es contribuir a fortalecer esas posiciones, y de otro lado, abrir la posibilidad de que aparezca una voz discordante en el desafinado concierto al que nos vemos abocados, a través de nuevas opciones que razonablemente, de entrada, se nos muestren como más fiables y próximas a nuestro ideario, aunque hay que reconocer que por ser nuevas, está por ver lo fieles que son al programa que han propuesto, con lo que votarles no supone entregarnos en manos de nadie, debemos permanecer activamente dispuestos a buscar nuevas alternativas si las que hoy se presentan como más próximas a nosotros, se manifestasen también como fraudulentas.

Este es a mi entender el “bien menor” frente al “mal menor” al que tendemos.

Otra interpretación del porqué se considera al PP el mal menor es porque nos lo sugiere el miedo. Pero por una parte “Dios da a cada uno según sus obras”, es decir, el mal que los hombres hemos sembrado en el mundo, produce unos frutos que habremos de cosechar y que sólo puede ser rescatado por aquel que puede. Por otro lado, la verdad es que si creemos que Dios lleva la historia y da a cada uno aquello que más le conviene, podemos descansar en que el mal no va a tener la última palabra.

Dicho de otro modo, pensar que el problema es conseguir que no gobierne el mal, es ridículo, pues ya sabemos quién es el príncipe de este mundo. Pensar que votando a un partido que no tiene principios pero es, aparentemente, menos radical, es decir, que su apariencia nos permite pensar que no es parte del mal, puede conducirnos a un grave engaño, y este engaño es encontrarnos que estemos dando nuestro apoyo a una forma más sibilina de maldad, pues se trata de una velada apostasía. Pensar que en el futuro puede llegar un momento en que una minoría comprometida con sus principios pueda llegar a forzar a ese partido que representa hoy el mal menor, a corregir su rumbo y adoptar principios que ha rechazado habiendo podido ponerlos en práctica en esta legislatura en la que tenía mayoría absoluta, es completamente utópico, porque no van a querer, porque van a interpretar que tienen a todos sus votantes de su parte y los radicales, que habrán aumentado porque nadie les va a hacer frente, no les van a dejar. Por último, en el panorama actual hace falta un Pepito Grillo, un pequeño partido con principios sólidos, que haga la función de remover las conciencias y llamar a la verdad, único modo de que no seamos rotundamente silenciados. Votar al “mal” llamado “menor” implica aceptar que se nos retire la palabra, ni nosotros ni los principios por los que trabajamos van ya a ser escuchados en el parlamento ni en la escena política. Conclusión, de ahí a las catacumbas, que es donde nos quieren ver porque nuestra denuncia les irrita y molesta, como nos advierte la Escritura.

Al final resulta que ellos tienen miedo a la libertad, de ahí su incontenible intervencionismo y nosotros también, de ahí el pretender asegurarnos una categoría de mal que se nos antoja menos lesivo. Y el resultado, probablemente sea que ni así nos vamos a librar de probar la estatura del mal que esta generación ha gestado con su increencia.

Anuncios

Acerca de Signos de los tiempos

Actualidad es la suma de las cosas que suceden, aquello que se dice sobre esas cosas y el modo en que nos afectan, y este conjunto conforma unos signos concretos y precisos que es posible interpretar. Esa es la luz que buscamos.
Esta entrada fue publicada en Actualidad, Uncategorized y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s