LOS MAGOS DE ORIENTE

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Un sin fin de camellos te cubrirá, jóvenes dromedarios de Madián y Efá

Sobre lo que es genuino y lo que no lo es en la fiesta de los Reyes Magos, hemos de considerar algunos argumentos, unos provenientes de la Biblia, otros de la Tradición.

Así, resulta que desde el punto de vista religioso, hay que decir que la fiesta del 6 de enero, celebra la manifestación de Dios al mundo pagano, que esto es lo que significa la “Epifanía”, palabra proveniente del griego, y que es el nombre propio de la fiesta de los Reyes Magos (denominación popular). El Evangelio es cierto que sólo habla de “Magos” de Oriente, hay que tener en cuenta que en aquella época oriente, así en genérico, es el lugar por excelencia de los sabios astrólogos que son los magos, probablemente procedentes de Babilonia, Arabia y quizás India, donde florecía la astrología. Dice el Evangelio, Mt 2, 1-2: “Nacido Jesús en Belén de Judea, en el tiempo del rey Herodes, unos magos que venían de Oriente se presentaron en Jerusalén, diciendo: “¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle.” Esta palabra, magos, los santos Padres la traducen por sabios, que es lo que eran los astrólogos de aquel tiempo, nada que ver con el sentido que la palabra mago tiene hoy en día. En cuanto a la estrella, puede tratarse de un cometa, una conjunción planetaria o un fenómeno cósmico que los sabios interpretaron como el anuncio de un acontecimiento extraordinario y no sólo para el pueblo judío, por eso se pusieron en camino para ir a su encuentro.

A Jesús fueron a adorarle los pastores, gentes del entorno de Belén, o sea, miembros del pueblo judío, en la Epifanía se produce un hecho insólito, gente venida de lejos, paganos, llegan para adorar al niño. Y los acontecimientos que se suceden son los anunciados por las Escrituras. El hecho de que en Jesús se cumplieran las profecías que anunciaban la llegada del Mesías es una de las pruebas clave de que, efectivamente, Él es el Enviado. Es por ello que los Padres de la Iglesia no dudaron en ver en la adoración de los Magos y en las ofrendas con que le agasajaron, el cumplimiento de las profecías que anunciaban estos hechos, profecías como las de Isaías, entre otras: Is 49,23: “Reyes serán tus tutores, y sus princesas, nodrizas tuyas. Rostro en tierra se postrarán ante ti, y el polvo de tus pies lamerán. Y sabrás que yo soy Yahvé; no se avergonzarán los que en mí esperan”; Is 60,5-6: “Tú entonces al verlo te pondrás radiante, se estremecerá y se ensanchará tu corazón, porque vendrán a ti los tesoros del mar, las riquezas de las naciones vendrán a ti. Un sin fin de camellos te cubrirá, jóvenes dromedarios de Madián y Efá. Todos ellos de Sabá vienen llevando oro e incienso y pregonando alabanzas a Yahvé“; sal 72,10: “los reyes de Tarsis y las islas  traerán consigo tributo.  Los reyes de Sabá y de Seba  todos pagarán impuestos; 11 ante él se postrarán los reyes,  le servirán todas las naciones“ y Nm 24,17; “17 Lo veo, aunque no para ahora, lo diviso, pero no de cerca: de Jacob avanza una estrella un cetro surge de Israel.” Y así lo atestigua también Mateo en su Evangelio, capítulo 1, versículo 11: “Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra”.

Los Padres ven simbolizados en estos regalos la Realeza, oro, la Divinidad, incienso y la Pasión, mirra, de Cristo. La adoración de los Magos da cumplimiento a las profecías mesiánicas sobre el homenaje de las naciones al Dios de Israel, tal como hemos leído en las profecías.

Por lo que no es de extrañar que la fiesta popular fuera conformándose partiendo de estos textos, avalados por su interpretación por parte de la Tradición. Y como tal fiesta popular, acabó conformando una muy concreta cultura adornada con, también concretas costumbres, el belén en las casas, los regalos a los niños, la cabalgata de los Reyes Magos, la estrella de Navidad, etc.

Por eso, si se habla de que los magos eran reyes, es porque las profecías hablan de la pleitesía que le tenían que ofrecer los reyes de las naciones paganas, por tanto en el sentido profundo de la fiesta, corresponde a los adoradores la categoría de reyes, de tal manera que si estos hechos que celebramos hubieran sucedido en nuestra época, probablemente hablaríamos de presidentes. Eso la religiosidad popular lo ha captado muy bien, aparte que ha sido inspirada por los santos Padres.

Por otro lado, si los presentes ofrecidos a Jesús fueron oro, incienso y mirra, tres regalos, no es tampoco absurdo que se pensase que eran tres los que los portaban. Lo mismo que el hecho de que tradicionalmente se hayan representado montados en camellos, tal y como los describen las profecías.

De lo antedicho se desprende que la fiesta popular viene inspirada por un gran respeto y fidelidad a la fiesta religiosa.

Entendiéndolo así vemos que no sólo no es gratuita la interpretación generalizada y convertida en costumbre, sino que además de no serlo, es profundamente fiel a sus orígenes.

Es por eso que toda tergiversación, adulteración o pretendida actualización, está condenada a devaluar el sentido original de la fiesta. Y es, así mismo, por eso que las actuaciones encaminadas a despojar a la fiesta de sus componentes originarios, tienen como consecuencia desvirtuar la celebración, sus raíces históricas y el mensaje que transmite a la infancia. Generalmente eso es justamente lo que se busca por parte de quienes se empeñan, abusando de su autoridad, en intervenir la fiesta. Habrá quien por ignorancia no pretenda eso, pero en definitiva es lo que consiguen entre unos y otros.

Por otro lado y sobre la polémica suscitada sobre si en Roma, el Papa había hecho aparecer en la liturgia a reyes magos femeninos, hay que decir que los tres menores invitados a llevar las ofrendas en la Misa celebrada por el Papa Francisco en la Basílica de San Pedro, eran “Sternsinguer” y que tal y como explica el Centro Alemán de Información, la palabra “Sternsinguer” hay que traducirla por “Cantores de la Estrella” y que estos cantores de la estrella son jóvenes de ambos sexos que, en su país, y vestidos con túnicas y coronas, se dedican a ir del 27 de diciembre al 6 de enero de casa en casa, pidiendo dinero para labores benéficas y que generalmente van en grupos de tres, simulando a los Reyes Magos. Y esta es la realidad y no la que, equívocamente, se ha propagado.

Decir que la fiesta de los reyes es una fiesta fruto del consumismo de nuestra sociedad es ignorar que el belén o nacimiento es una costumbre iniciada por San Francisco de Asís, muy lejos de nuestra época consumista. Y así el resto de los elementos que la componen.

No por eso deja de ser cierto que la fiesta se ha convertido en objeto de comercio y de excesos que nada tienen que ver con lo que celebramos, pero eso es algo contra lo que estamos llamados a combatir para evitar que ese, acabe siendo el único leitmotiv de la fiesta. Porque eso es justamente lo que querrían conseguir quienes, esos sí, buscan de cualquier modo despojarla de cualquier componente religioso.

Si además escuchamos el libro del Apocalipsis, por tanto, una profecía, cabe pensar que pendiente de cumplimiento, nos encontramos con que en el capítulo 15 versículo 4 dice: “¿Quién no temerá, Señor, y no glorificará tu nombre? Porque sólo tú eres santo, y todas las naciones vendrán y se postrarán ante ti, porque han quedado de manifiesto tus justos designios» y en el versículo 24 del capítulo 21: “Las naciones caminarán a su luz, y los reyes de la tierra irán a llevarle su esplendor”. Es decir, renovar cada año a través de esta fiesta los hechos acaecidos en el pasado supone, además, hacer presente que la historia de la salvación tiene un fin en el que se producirá una nueva Epifanía, en la que, de nuevo, se dará cumplimiento a estas últimas profecías  sobre el reconocimiento, por parte del mundo pagano, del señorío de Jesucristo.

Así de importante es especialmente hoy el mantener y celebrar en todos sus términos esta fiesta, la más importante para la Iglesia ortodoxa y, probablemente, la más antigua, anterior incluso a la misma Navidad, para la Iglesia universal.

 

 

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Acerca de Signos de los tiempos

Actualidad es la suma de las cosas que suceden, aquello que se dice sobre esas cosas y el modo en que nos afectan, y este conjunto conforma unos signos concretos y precisos que es posible interpretar. Esa es la luz que buscamos.
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