Las Religiones y el poder

s-Pantocrator Tahull

En Jesucristo, el poder es la misericordia.

En el periódico LEVANTE, D. Roberto Cantos, escribe un artículo fechado el 14 de enero titulado: Las Religiones y el poder. A continuación comento algunas de sus afirmaciones y el texto suyo, en negro, es el siguiente:

En torno a la mitad del siglo pasado, en el centro de la Plaza de la Merced, en Valencia, se encontraba un pequeño quiosco de prensa. Los domingos, bajaba de mi casa de la mano de mi padre y me compraba El guerrero del antifaz. Recuerdo que en sus viñetas competían, por Alá y por Santiago, Ali Kan y el Guerrero por saber quién mataba más cristianos o más moros. El autor de aquel tebeo «para niños» inclinaba la balanza a favor del Guerrero. Mataba más moros. Los historiadores parece que le dan la razón. La religión más sangrienta seguramente ha sido el cristianismo.

Si tenemos en cuenta que la población mundial ha crecido exponencialmente en el último siglo, tendrá el señor Cantos que reconocer que su apreciación final es gratuita y tendenciosa. Y lo digo, no porque entre el comunismo y el nacismo hayan superado con creces la cifra de muertos ocasionados por los cristianos, no por el cristianismo como dice él, sino también porque en un alarde minimalista reduce el mundo a Europa, como si en el resto de continentes donde el cristianismo apenas existía hasta hace un par de cientos de años, no hubiera habido guerras y muertes. Según A. Cagliani, durante el segundo milenio las guerras causaron 148 millones de víctimas, pero casi dos tercios de ellas fueron ocasionadas durante las contiendas habidas en el siglo XX, que como es sabido no fueron guerras de religión. Del tercio restante habría que ver cuantas se le podrían asignar al Islam, de cuya expansión fuimos víctimas entre el primero y segundo milenio. Y según Ciencia Popular, sólo en el área asiática se contabilizan 222.000.000 de victimas desde el año 750 DC.

Las ideas religiosas, sean o no integristas, conllevan el germen del fundamentalismo en su propia entidad. Promulgan su «verdad» como la única, y niegan cualquier otra «verdad» como válida o respetable, Aquel que no siga sus dogmas y es un extraño a sus predicamentos, es un malhechor y merecedor del castigo divino.

Las ideas religiosas, mejor me refiero solamente a las ideas cristianas, es verdad que se distinguen de los planteamientos de las ideologías en que parten de una verdad a la que le reconocen un valor universal, y a las que sus seguidores voluntariamente se someten, contrariamente, las ideologías no reconocen los dogmas de los que parten porque afirman no estar dispuestos a someterse a ningún dogma, pero dan un valor absoluto a sus convicciones; sin embargo, contrariamente a lo que pasa en el cristianismo que no impone su fe, ellas, las ideologías, sí tratan de someter a toda la sociedad a sus verdades absolutas. Y respecto al castigo divino, sólo recordarle que es uno mismo quien lo elige. Castigo que consiste en negarse a disfrutar de la misericordia divina.

La historia está llena de evidencias al respecto. Las Cruzadas, las Guerras de Religión francesas, entre católicos y los protestantes hugonotes, la Guerra de los Treinta Años, los problemas en Irlanda del Norte, La Inquisición?etc.

El fin del siglo XX y principios del presente siglo, son una explosión de los valores laicistas de la Revolución Francesa. Ya sabemos cómo se impusieron entonces y ya estamos viendo cómo se está tratando de imponerlos ahora. Sobre el número de víctimas ya hemos dicho algo más arriba con datos que desbaratan las afirmaciones del autor, pero quiero añadir una reflexión de Alan Kors escrita en 2003: ‘Ninguna causa, jamás, a lo largo de la historia humana, ha producido más tiranos de sangre fría, más inocentes sacrificados y más huérfanos, que el socialismo con poder. Sobrepasa, con creces, a todos los demás sistemas en la producción de muertos. Sus cuerpos nos rodean. Y ahí radica el problema: nadie habla de ellos. Nadie los honra. Nadie hace duelo por ellos. Nadie se ha suicidado por haber sido un apologista de aquellos tiranos que causaron tanto sufrimiento. Nadie paga por ellos. Nadie es detenido para rendir cuentas. Es exactamente lo que Solzhenitsyn previó en Archipiélago gulag: “No, nadie tendrá que responder. Nadie podrá ser examinado’.”

En tiempos de la Revolución Francesa y el Siglo de las Luces la Iglesia Católica se opuso férreamente a las libertades individuales y a la democracia. La Iglesia Católica no quería ceder su poder, la resistencia fue férrea. Vinieron excomuniones, sermones, encíclicas, alianzas con dictadores como Franco, entre otros. Y al papa León XIII le pertenecen las siguientes palabras: «Es ilegal demandar, defender o conceder libertad incondicional de pensamiento o de palabra, o de prensa, o de culto, como si éstos fueran derechos que la naturaleza le ha dado al hombre». El Cristianismo sin duda ha sido un factor en muchos conflictos a lo largo de sus 2.000 años de historia. Las religiones monoteístas generan personas fundamentalistas, intolerantes y excluyentes

Si muchos han sido los conflictos generados por los cristianos, permítame el señor Cantos que le invite a reflexionar sobre el mucho bien que a lo largo de esos mismos siglos han hecho los cristianos de todos los tiempos. Ya sé que no quiere verlo ni reconocerlo, pero algún día podrá constatarlo. ¿Por qué será que desde mi óptica son las ideologías las que generan personas fundamentalistas, intolerantes y excluyentes? Al final, encasillarse reduciendo el horizonte a cuatro consignas, le puede suceder a un cristiano como a un laicista, vaya, a cualquiera. Si hacemos memoria, en los últimos 200 años podemos ver ejemplos claros, Robespierre, Napoleón, Lenin, Hitler, Musolini, Stalin, Mao, Jo Chi Min, Fidel Castro, Pol Pot, Gaddafi, Chaves, Maduro, etc. Eso sin contar a los muchos dictadores africanos.

Una frase del artículo que comento y que viene a continuación es perfectamente ilustrativa de los que acabo de decir:

Y es en su lucha por el poder cuando muestran su cara más cruel.

Efectivamente; y continúa el articulista:

En el Islam, la palabra yihad literalmente significa «lucha», pero el concepto ha sido usado para describir la guerra en expansión y defensa del territorio islámico. La casi continua guerra en el Medio Oriente durante el pasado medio siglo, ciertamente ha contribuido a la idea de que la religión es la causa de muchas guerras. Mahoma, el profeta del islam, aquel personaje que no se puede dibujar porque levanta la ira de miles de personas, tuvo dos caras durante su labor «evangelizadora». Uno es el Mahoma de la Meca, cuando estaba iniciando sus prédicas y no tenía poder, y otro es el Mahoma de Medina, ya con poder político y eclesiástico. El versículo 257 del sura 2 del Corán dice: «No se puede imponer la religión por la fuerza». Pero este es un versículo de cuando Mahoma no tenía ningún poder, y fue abolido por otros posteriores, de cuando sí lo tenía, como el versículo 5 del sura 9 que dice: «Mata a los infieles donde los encuentres». O el versículo 12 del sura 8 que dice: «Yo sembraré el terror en los infieles y vosotros cortad sus cabezas». Los testigos de Jehová dejan morir por la negación de una transfusión de sangre. En el Judaísmo, las guerras de conquista registradas en el Antiguo Testamento, fundamentalmente en el libro de Josué, bajo el mandato de Dios, conquistaron la Tierra Prometida. La religión más dañina aquella que se alza con el poder político. Decía Voltaire que quien puede conseguir que se crean absurdos puede conseguir que se comentan atrocidades.

También decía Voltaire: “Proclamo en voz alta la libertad de pensamiento y muera el que no piense como yo”. Frase que le retrata y que, como buen precursor que fue de ella, retrata el devenir de la Revolución Francesa.

Solo por medio de la educación en los derechos humanos y la razón podremos hacer que nos hagamos consientes de la separación de la Religión y el Estado y que promovamos el laicismo.

El laicismo es la religión de los que rechazan cualquier religión, aunque generalmente ese rechazo se ceba con el catolicismo. La realidad es que acusa al cristianismo de imponer, que no digo que no haya sucedido en alguna época, pero hoy, de hecho, son ellos, los laicistas, los que tratan por todos los medios de imponer sus tesis, cosa que también hace alguna que otra religión, como el Islam, como el autor mismo afirma.

Soy pesimista pero sólo el tiempo dirá si la libertad ganará este reto.

En cualquier caso, el reto para la libertad no es alcanzar el laicismo sino librarse de sus redes, porque vetar la espiritualidad del hombre es reducirlo, reducción que, en realidad, obedece al miedo que algunos tienen a la auténtica libertad, y me refiero a la libertad con mayúsculas, que es aquella que está adscrita a la verdad, la belleza y la bondad, y no por imperativo, sino por decisión libre de coacción que cada persona ha de tomar en perfecta simbiosis entre su espiritualidad y su recta razón. Al final el laicismo lo que propugna no es, como afirma D. Roberto, llevar a cabo aquello de “dar al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios” que como todo el mundo sabe alude a la separación entre Estado y religión, una aportación importantísima del cristianismo, sino que este mandato lo reducen a un “hay que darlo todo al Cesar”. Es decir, erige al Estado como dios de una religión teocrática: el laicismo.

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Acerca de Signos de los tiempos

Actualidad es la suma de las cosas que suceden, aquello que se dice sobre esas cosas y el modo en que nos afectan, y este conjunto conforma unos signos concretos y precisos que es posible interpretar. Esa es la luz que buscamos.
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