NO TODA LA CANELA ES FINA

v-Otono-00-12-1

La naturaleza, si es hermosa.

 

En su “Canela fina” publicada el 6 de octubre del presente 2015, D. Luís María Ansón, de la Real Academia Española, nos ofrece una acalorada diatriba, con tintes poéticos, sobre el amor lésbico que le ha entrado por los ojos y ha calentado su corazón y su mente a consecuencia de haber ido a ver una película. Del comentario que le dedica entresaco algunos párrafos suyos:

Con Chica busca a chica, Sonia Sebastián sumerge al espectador en el mundo lésbico, desarrollado en la libertad y la naturalidad de la sociedad que vivimos. Todo un acierto…

Inés abandona a su novia embarazada y se fuga a Miami para vivir entre la fornicación y la pasión desolada. En pleno desencanto, regresa a Madrid y se reencuentra con su grupo de amigas, con la hija ya púber, adolescente y con situaciones que divierten a un público expectante. Inés es una bella lesbiana, eso sí, un poco puta que se ventila de una a una o de dos en dos a cuantas mujeres le gustan…

Hasta aquí nos describe descarnadamente la calidad humana y moral de la protagonista, abandono, vuelta desencantada y forniquerío puro y duro sin más contemplación que el hecho en sí, según se deduce de su descripción del argumento. Eso sí, muy divertido, apunta el señor Ansón. A partir de aquí, D. José María hace una reflexión de otro tipo que me resulta llamativa:

Hace sólo cuarenta años, en las postrimerías de la dictadura franquista, hubiera sido imposible filmar en España una película de estas características. Hoy se representa con naturalidad y éxito en un cine madrileño, lo que demuestra la excelente salud democrática de la vida social española.  Series de televisión como LWorld presentaron al espectador con la mayor sencillez el mundo de las nuevas lesbianas, tan lejanas al viejo estereotipo de las marimachos y las mujeres hombrunas.

O sea, que a juicio del señor Ansón, es un éxito, exponente de la salud democrática española, el que en España se puedan filmar películas como esa y puedan exhibirse en cines. Personalmente no creo que tenga nada que ver el hecho en sí con la salud democrática de nuestro país, entre otras cosas porque nadie nos ha consultado sobre estos particulares, como no hemos sido consultados sobre infinidad de cuestiones que nos han sido impuestas, así, sin más, aduciendo la voluntad, no expresa, de la mayoría, incluso, en ocasiones, contra una voluntad claramente expresada y reflejada en encuestas fiables de carácter oficial. Pues parece ser que para nuestros políticos, democracia es igual a hacer cualquier cosa que le apetezca hacer a la mayoría, eso sí, sin necesidad de comprobar qué es lo mayoritario, no vaya a salirnos respondona la sociedad. Los políticos funcionan como si el resultar elegidos les proporcionara una patente de corso, como si a partir de su investidura, cualquier cosa que se les pase por la cabeza adquiriera automáticamente garantía democrática. Vaya, puro caciquismo.

La praxis democrática en España tiene dos vertientes, una que los programas de los partidos, que no son sino paquetes de propuestas con departamentos ocultos que sacan a relucir cuando ya han sido elegidos, en suma, una caja de sorpresas, y otra que con la misma facilidad que se sacan de la manga decisiones no anunciadas en sus programas y por tanto no legitimadas por los votos obtenidos, incumplen promesas contempladas en los mismos que, cual señuelo, han sido anunciadas a bombo y platillo. Y no creo que eso sea precisamente un proceder democrático. No es que no añada más calidad democrática a una sociedad, es que evidencia el déficit democrático que padecemos los españoles.

En cuanto al amor lésbico como al puterío del que habla, nada, pues nadie que se lo haya propuesto hasta ahora ha conseguido eliminarlo y ni siquiera está claro que ese haya de ser el planteamiento. Pero una cosa es eso, que es un hecho que se da y punto y otra cosa que te lo metan en la sopa, en la publicidad, en el cine, en el día a día, en la calle, en la TV, en la educación, en leyes injustas, y ahora en sesudos artículos, como hace D. José María añadiendo un colofón poético en el párrafo final que parece que le haya salido de pura sintonía o que haya pretendido adornar su brindis con más altos valores estéticos. Aunque para mí sigue siendo la mona que se viste de seda.

Esta es la cuestión. Los políticos en lo que están es en imponer, y hoy, por parte de los populares, una imposición más nos amenaza: la ideología de género. La verdad, algo así, un gobierno auténticamente democrático, no debería ni planteárselo, pues pertenece a la esfera de la libertad de pensamiento y a la libre adscripción a una determinada antropología. Pues bien, este gobierno no tiene el más mínimo reparo en imponérnoslo. Observe señor Ansón cuan democráticos somos en España.

Y este es el párrafo final al que me refería:

Safo de Lesbos, hija de Escamandrónimo y Cleis, odiaba que su hermano Caraxo hubiese comprado a la egipcia Rodopis, que era un putón verbenero “de alta estirpe callejera”. Y un día se encaramó en el roquedal Léucade y se suicidó arrojándose al abismo. Hoy, hubiera sacado una entrada para disfrutar contemplando De chica en chica en la tarde apacible. Seguro que Elena Anaya, la inteligente, la excepcional actriz, la acompañaría encantada y luego recitaría con ella versos encendido al calor de la película de Sonia Sebastián, con cadencias nerudianas, tal vez: Desde hace siglos, yo soy la que te espera sobre las áureas playas, sobre las rubias eras, la que cortó jacintos para tu lecho, y rosas, tendida entre las hierbas yo soy la que te espera.

Evidentemente es el calor de la película la que prende esos versos e imágenes, especialmente en las mentes más inquietas, mentes que, a causa de estos incendios, fácilmente se tornan inquietantes.

Hay otro modo de entender al hombre más acorde con su naturaleza, tanto al varón como a la mujer, como hay otro modo de entender la sexualidad que no sea reducirla a mero placer y utilitarismo, lo cual deviene en pura y dura castración. Esta es la antropología en la que creo, y lo digo con la duda de si la calidad democrática española alcanza a permitirme expresarlo. Seguir leyendo

Publicado en Tiempo de destruir, tiempo de edificar | Etiquetado , | Deja un comentario

CHARAMSA Y EL NACIONALISMO

30-1-12 147

Importa y mucho elegir bien nuestro guía.

El prelado polaco Krysztof Charamsa, responde a una pregunta sobre la situación que los nacionalistas han creado en Cataluña, y lo hace desde un pretendido planteamiento cristiano, la pregunta y la respuesta vienen a continuación tomadas del periódico digital ACTUALL y dice así:

Casi al mismo tiempo que usted se declaraba en favor del derecho a decidir el pueblo catalán, el cardenal Angelo Amato, Prefecto de la Congregación para la causa de los Santos, declaraba en Girona: “Desconozco lo que pasa en Catalunya. En el Vaticano tenemos otros problemas”.

Me sabe mal estas palabras del cardenal Amato, a quien conozco y tuve de “jefe” en la congregación. Decir que tenemos otros problemas es poco evangélico. Jesús siempre estuvo al lado de quien necesitó ayuda para defender o reivindicar su identidad, y no importa si eran pocos o muchos, pero el Vaticano tiene sus propias vías diplomáticas y sigue el caso catalán. Como teólogo defiendo el derecho oral de los pueblos a la autodeterminación y admiro al pueblo catalán que con coraje, democráticamente y con respeto quiere ejercer ese derecho.

Y bien, dice el señor Krysztof queJesús siempre estuvo al lado de quien necesitó ayuda para defender o reivindicar su identidad”; no justifica sus palabras con textos del Evangelio, imagino que porque no existen tales textos. Defender sí, hay muchos textos que hablan de defender, defender al huérfano, defender a la viuda, defender la vida, defender la causa del Señor, defender al agraviado, defender el Evangelio, defender la causa de los pobres. Él dicedefender o reivindicar”, poniéndolos como sinónimos, pues bien, la razón de que no aporte texto alguno en defensa de sus tesis puede deberse a que la palabra reivindicar aparece en la Escritura tan sólo una vez, en boca del rey Antíoco que dirigiéndose al sumo sacerdote Simón le indica su disposición a recuperar el reino que le ha sido usurpado, y resulta evidente que a los nacionalistas no les ha sido usurpado nada. Lea historia señor Krysztof. Resulta, pues, que esa palabra, reivindicar, es una palabra de corte muy poco evangélico si tenemos en cuenta que Dios es amor y el amor es, fundamentalmente, renuncia, que es lo que nos mostró Jesús cuando renunciando a su categoría divina, renunciando a todos sus derechos, entregó su vida por el usted señor Krysztof y por mí, como por toda la humanidad.

En cuanto alcoraje, respeto y talante democráticodel pueblo catalán, no me atreveré a decir nada, pero en cuanto alcoraje”  de los nacionalistas, diré que a eso que exacerba ese coraje, en tiempos se le llamaba adoctrinamiento y lavado de cerebros, pues desde hace 35 años, la administración nacionalista de Cataluña, ha aprovechado el paso por la escuela de la infancia y la juventud, para adoctrinarlos y, efectivamente, han salido empapados de una delirante escalada emotiva, han quedado con los cerebros y corazones envueltos en banderías, tal y como se manifiestan de hecho por las calles; en cuanto al “respeto” de los nacionalistas, si creo que hay que decir que es todo filfa, ni respetan a los que no piensan como ellos, ni respetan la historia, ni respetan las leyes, ni los derechos de los demás, es más, los pisotean, pisotean los derechos de los no nacionalistas, importándoles muy poco que sean mayoría, diría incluso que ni se respetan a sí mismos, y por último en lo que respecta al “talante democrático” de los nacionalistas, pues la verdad, no tiene nada de democrático saltarse las leyes, la insumisión y la política de hechos consumados son los componentes de cualquier golpe de estado. Si a todo esto el prelado le da su visto bueno y le manifiesta su admiración, nos deja así meridianamente claro qué es aquello que el señor Krysztof tiene en su cabeza.

Por último, entiendo que su poco contacto con la realidad de la que habla y el que le venga polarizada, principalmente, por una persona que significa tanto para usted, explica su atrevimiento al ponerse a hace el análisis que hace al respecto. Pues la afición anula el juicio.

Una última cuestión, su actitud respecto al Sínodo al maniobrar subrepticiamente, y hacer pública su condición de homosexual en circunstancias tan concretas y de modo tan calculado, hablan de su modo de entender la reivindicación, habla de su coraje, habla también de su talante democrático y sobre todo habla del respeto que usted tiene a su vocación y a la Iglesia. Eso sí, para hacer algo así ha tenido que olvidar que usted eligió libremente el celibato, que nadie le conminó a hacerse sacerdote y ministro de la reconciliación, entre otros sacramentos, o bien mintió al respecto, cosa que no le ocurrió al pueblo catalán en 1412 cuando, muerto sin descendencia Martín I rey de la corona de Aragón, reunidas las cortes del reino de Aragón, las del reino de Valencia y las del principado de Cataluña, eligieron respectivamente sus representantes y estos, por consenso, eligieron como rey a Fernando de Trastámara, infante de Castilla, y según las crónicas, los tres representantes catalanes enviados al Compromiso de Caspe, declararon que habían procedido «las nueve personas en gran y feliz concordia» y que «en todo momento habían sido libres y sin miedo a presiones» y que al final del proceso «todos eran de la misma opinión»*, es decir, decidieron consensuada y libremente, iniciar un proceso que les llevaría a integrarse en una nación llamada España desde hacía ya más de mil quinientos años. Como ve usted Cataluña no mintió entonces, porque fue un proceso perfectamente democrático, valiente y respetuoso, no como el que los nacionalistas han emprendido ahora ni como el que usted, a nivel personal, lleva entre manos.

Que el Señor le ilumine y que usted se deje transformar por Él.

 

*.- José Ángel Sesma Muñoz, El Interregno (1410-1412),

Publicado en Tiempo de destruir, tiempo de edificar | Etiquetado , , , | Deja un comentario

LA IDENTIDAD VALENCIANA, ¿PERDIDA?

s-Diciembre 24-12- 2003 001 (3)

¿CÓMO ILUMINAR CUANDO PARECE QUE TODAVIA HAY LUZ?

En la cuestión de las señas de identidad y en particular de la lengua, aquí en Valencia, la confusión hace años ya que tomó carta de naturaleza.

El paso de los siglos, los fracasos, los éxitos, los errores, los aciertos, la inacción y el egoísmo del capital, el amor propio de la gente sencilla, la oscuridad de muchas voluntades, la luz de las fiestas, etc., han ido conformando una idiosincrasia concreta que yo personalmente amaba y que creo que así en general, era dada por buena mayoritariamente.

Aquí estábamos los que hablaban valenciano por herencia y castellano por formación, los que hablaban valenciano como lengua materna y castellano como segunda lengua, los que hablaban valenciano y malamente chapurreaban el castellano, los que tenían el castellano como lengua materna y se esforzaban por hablar un valenciano aceptable, estaban también los que no se esforzaban nada por hablar valenciano porque no les salía, los que hablábamos lo uno y lo otro, los que hablaban uno u otro en exclusiva simplemente porque sí, y… en fin, que cada uno hacía lo que les daba la gana sin que ello supusiera problema alguno para nadie. Y tenía su encanto, su aquél de complicidad el trabar relación con un desconocido a través del valenciano, como lo tenía, en la oratoria en castellano, el entreverar frases que son más elocuentes en valenciano que en castellano, o el uso de dichos, dime y diretes, muy sabrosos en valenciano, como recurso retórico-expresivo.

Todo ello daba como resultado el retablo de una sociedad viva y vigorosa, quizás no muy pura pero desde luego poco puritana.

Hoy, si observamos hasta qué punto ha cambiado todo esto, veremos que la “normalización” del valenciano nos está encorsetando y creando desavenencias y fomentando desconfianzas y fantasmeando sospechas, de tal modo que ya hay quienes han optado por renunciar al uso del valenciano, por higiene unos, por cabreo otros. Eso sí, en cuanto nos impongan, otra imposición más que nos amenaza, la inmersión lingüística, que será ahora en cuanto ganen las izquierdas, nos encontraremos con miles de valencianos o foráneos esforzándose por chapurrear el “normalizado” dando lugar a una sociedad difícilmente reconocible para los que hemos vivido algo mucho más estimulante y mucho más libre. Una sociedad en la que, en poco tiempo, se habrá perdido toda la riqueza que durante siglos la ha ido conformando con matices de color inacabables.

Evidentemente mi propósito con esta reflexión no es hacer una defensa filológica del valenciano. Porque, entre otras razones, creo que ese no es el problema.

Pues siendo que a día de hoy no ha habido ningún descubrimiento científico, ningún nuevo axioma, ningún invento sorprendente, ninguna nueva máquina, como pudiera ser un acelerador de lexemas para estudiar cómo se descuartizan estos al colisionar, ningún avance, en definitiva, en el seno de la filología que justifique que los especialistas de hoy están mejor posicionados que los del siglo XIX, por ejemplo, o que los escritores de nuestro siglo de oro que afirmaban sin ambages escribir en valenciano, para dictaminar desde una óptica lingüística, novedad alguna sobre el valenciano, habrá que concluir que las razones que han hecho que hoy se esfuercen tan desmesuradamente, ciertos sectores, por identificar el valenciano con el catalán, no son científicas.

La prueba de que es como lo expreso está en el hecho elocuente de que esa identificación entre las dos lenguas se ha cocinado en el parlamento español. Alguien argumentará que la universidad estaba detrás y era el motor de esas iniciativas legislativas, pero no, estuvieron detrás, sí, pero quienes las han promovido han sido los partidos políticos y siempre como interesada contrapartida.

Y el hecho de que la universidad esté detrás, en verdad, no aporta gran peso ni mayor “autoritas” pues de todos es sabido que la universidad española, y la valenciana quizás más, está tomada por las izquierdas de un modo endogámico. Y desde luego no voy a esforzarme por tratar de explicar un hecho que algún día estudiará la sociología, como es el de la connivencia entre la derecha burguesa nacionalista y las izquierdas.

Lo que no me merece duda alguna es que la cuestión de la lengua no es una cuestión filológica, sino que es una cuestión política.

Y desde esa perspectiva, no tengo la menor duda de que el valenciano no tiene que tener nada que ver con el catalán. Corresponderá a los filólogos estudiar y plantear hipótesis históricas o darle vueltas sobre su parentesco que sin duda lo tiene, pero desde lo que es el meollo de la cuestión, es decir, desde la política, son dos lenguas que no deben tener nada que ver, es más, como medida de autodefensa, deberían los filólogos valencianistas extremar sus trabajos en busca de una más terminante diferenciación.

Si los nacionalistas han trabajado duro por imponer su interés político forzando la identificación de ambas lenguas, por medios políticos, nos asiste el derecho de responder con la misma energía magnificando, si fuera preciso, las diferencias, pues la carga política no es sólo el medio utilizado sino también el fin, pues ésta carga está tanto sobre la denominación de la lengua cuanto en la identidad cultural e histórica. Y ¿por qué es tan nefasta esa componente política del cómo y del qué?, se puede preguntar alguien, pues porque están violentando nuestro modo de ser y de vivir, nuestra historia, lo que somos. Y de seguir así, acabaremos con una sociedad como la que ha llegado a ser actualmente la catalana, una sociedad rota, fracturada, donde se han inculcado por métodos totalitarios en la infancia y la juventud el odio hacia lo ajeno como contraposición a lo “nuestro”, dejando un panorama de convivencia desolador y de muy difícil reconciliación.

Por supuesto que considero lícito pelear por mejorar nuestro acervo cultural, incluida la lengua, pero no con imposiciones, imposiciones que además deforman nuestra historia, ¿por qué no se hace motivando a la juventud, protegiendo nuestro patrimonio, poniendo en valor nuestra historia?, algo que ni ha hecho la izquierda ni tampoco ha hecho la derecha. Es, pues, claramente una cuestión política, y otra prueba de que es una cuestión política es que los partidos no han invertido ni para mejorar ni para defender nada de lo nuestro, que lo único que han hecho ha sido imponernos, tratar de meternos en una horma, mercantilizándonos, convirtiéndonos en una colonia para engordar el ego nacional-socialista. Que es la suma de sus componentes, los nacionalistas y los socialistas.

Me parece evidente que no hay diferencia política alguna entre que la cultura catalana nacionalista fagocite a la cultura valenciana, algo que puso en marcha la derecha nacionalista ya desde el franquismo secundada por las izquierdas y sin encontrar oposición alguna, y el hecho de identificar el valenciano con el catalán. Y puesto que el nacionalismo, a base de invertir dinero, ha hecho de la lengua el instrumento de colonización, es por lo que es políticamente necesario romper con aquello de la unidad de la lengua. Ambas cosas, la absorción lingüística y la cultural, se han ejecutado, prácticamente, sin resistencia alguna por nuestra parte, y al decir por nuestra parte, estoy pensando en todos nosotros, los valencianos, mayoritariamente, pero principalmente estoy pensando en aquellos que elegimos para que nos representaran y para que defendieran nuestros intereses y derechos.

Me parece envidiable una sociedad, con todos los peros que se quiera, pero que ha sido capaz de no extremar sus posturas adscribiéndose a los movimientos nacionalistas. A esa sociedad, la valenciana, todavía sana es a la que deseo decirle que merece la pena resistir frente a la intromisión de culturas que pretenden invadirnos y que esa resistencia se puede y se debe hacer sin adscribirse a nacionalismo alguno, ni de derechas ni de izquierdas y que frente a los gobiernos que nos ningunean por no adoptar actitudes nacionalistas y excluyentes, también es posible reivindicar el respeto que nuestra dignidad y cultura merecen. ¡Que a estas alturas haya que oír a políticos decir que queremos a los catalanes! Penoso es que haya que decirlo pues eso indica que alguien, los nacionalistas, han hecho la propaganda de que no les queremos faltando así a la verdad. Pero lo curioso es que esos políticos no son capaces de añadir: pero no queremos a los nacionalistas. Los nacionalistas no es que se sientan más o menos queridos, es que lo quieren todo. Esa es la cuestión que el Cardenal Cañizares resaltaba como inmoral, amén de la fractura del bien común.

Esta reflexión pretende ser una llamada a reivindicar el lugar que nos corresponde en el concierto español como acto de justicia que se nos niega por una situación creada según la cual, los privilegios que reclaman constantemente los nacionalistas implican una sistemática marginación de nuestros intereses. Situación sobre la que únicamente nos cabe una responsabilidad, no haberle plantado cara antes. Y es también una llamada a la defensa de nuestro patrimonio, el que heredamos de nuestros mayores, una llamada a proteger nuestra sociedad como la hemos estado viviendo y conformando, diversa, con una cultura cristianizada y nada excluyente, con un axis, la primacía de la dignidad humana sobre el relativismo que lo instrumentaliza todo, respetuosa con el que es diferente y orgullosa de ser como es y deseosa de ser una sociedad en la que se pueda vivir en paz a un precio asumible, precio que no puede incluir el silencio cómplice y desvertebrador que parece que hayamos dado por bueno a día de hoy, renunciando a la defensa de lo que son nuestros valores, los que componen nuestra heredad y que hemos comprobado que son el sostén de la sociedad que somos, capaz de mantener vivas las tradiciones y el recuerdo de personas que salieron de entre nosotros y que con su vida hicieron más humano nuestro modo de relacionarnos, personas que nos dieron ejemplo de abnegación, de renuncia de sí, de anteponer la dignidad de las personas a cualquier otro interés, incluido el propio, de adelantarse en siglos al progreso que la pujanza económica ha hecho desembocar en el estado de bienestar, señalándonos el camino y ayudándonos a recorrerlo. Por eso nosotros, la sociedad civil valenciana, debemos hacer saber a los partidos políticos qué es lo que se juegan si en sus programas no toman en serio que no pueden seguir jugando ni negociando con lo que es nuestro. Ni pueden seguir haciendo sus políticas partidistas impunemente.

Tomando un poco de perspectiva, y respecto al nacionalismo, nos interesa pararle los pies, entre otros motivos, porque si no rehacemos el tejido social y espiritual de España, van a ser otros, venidos de fuera, los que acaben con el nacionalismo y con lo que no lo es. Así de insustancial es el pensamiento de los hombres en esta generación.

Publicado en Uncategorized | Etiquetado , , , | Deja un comentario

PROGRESISMO Y TEOLOGÍA

Muchas son las partes, uno es el cuerpo.

Muchas son las partes, uno es el cuerpo.

Con el título El Arzobispado de Barcelona veta una conferencia de un teólogo progresista”, D. David Fernández Guerrero, publica en el periódico el País del 5 de febrero de este 2015, una crónica en la que recoge un titular que dice así “Más de 700 intelectuales firman una carta contra el veto del Arzobispado de Barcelona a la charla del teólogo progresista Juan José Tamayo.” En la crónica podemos leer planteamientos como los siguientes:

En la carta los firmantes denuncian la “prohibición”, por parte del Arzobispado de Barcelona de acoger la conferencia. Sostienen que “la represión de teólogos progresistas, en particular de teólogos y de teólogas de la liberación” no tiene cabida en el papado de Francisco. Los signatarios enmarcan el veto dentro de “las tendencias que pretenden contrarrestar el proceso de apertura en curso de la Iglesia católica”, al tiempo que exhortan al arzobispo de Barcelona, Lluís Martínez Sistach, a “no renunciar al diálogo con todos aquellos que luchan y dan su vida por una iglesia abierta a los signos de los tiempos”.

Primero que nada llama la atención una expresión la represión de teólogos progresistas, en particular de teólogos y de teólogas de la liberación que es impropia del lenguaje de la Iglesia, pues es más bien propia de las luchas clasistas de ideologías marxistas. Después y deteniéndome en el término en sí mismo, “reprimir”, tampoco me parece que se adecue a lo que es el modo de hacer de la Iglesia, pues reprime quien tiene poder y abusando de él. Así nos lo enseña el salmista que nos muestra como Dios “reprime su cólera, apaga el incendio de su ira”. La Iglesia lo que hace es corregir, cometido que le corresponde por imperativo evangélico. Otra cosa es que quien es corregido se niegue a aceptar la corrección, se crea por encima de todos los santos padres, de los concilios, de los papas, de la entera Iglesia en fin, y rechace la llamada a la conversión del corazón y en su necedad, se erija en juez y parte contra la Iglesia y entable una batalla como contra su peor enemigo. No contra una parte de ella como quieren presentar su posicionamiento, sino contra la Iglesia toda. Dice el capítulo 12 de la Iª de Corintios: “Las partes del cuerpo son muchas, pero el cuerpo es uno; por muchas que sean las partes, todas forman un solo cuerpo. Así también Cristo”.

En el párrafo que hemos recogido, hay una segunda frase que, aunque menos dramática, resulta igualmente extemporánea y que va dirigida en forma de consejo al cardenal Sistach ““no renunciar al diálogo con todos aquellos que luchan y dan su vida por una iglesia abierta a los signos de los tiempos””, y efectivamente, hay que actuar así, como enseña Pablo en la primera carta a los Tesalonicenses: “No extingáis la acción del Espíritu; no despreciéis las profecías; examinadlo todo y quedaos con lo bueno. Cuidaos del mal en todas sus formas”. Pero, pasa que los setecientos once firmantes, cifra que me recuerda a los 450 profetas de Baal a los que se enfrentó Elías, entienden este mandato como que hay que examinarles y concluir que sus obras son “lo bueno”, por lo que aquello de “cuidarse del mal en todas sus formas”, no va con ellos.

Respecto a que dan su vida por una Iglesia abierta, supongo que como de todo hay en la viña del Señor, así será, probablemente en muchos casos, ni lo sé ni dejo de saberlo, lo bien cierto es que se pueden encontrar con que una palabra salga a su encuentro: “Muchos me dirán aquel Día: `Señor, Señor, ¿no hicimos teología “progresista” en tu nombre, y en tu nombre combatimos a los integristas, y en tu nombre escribimos muchos libros? Y entonces les declararé: ¡Jamás os conocí; apartaos de mí, agentes de iniquidad!”, ¿es posible traducir así estas frases del capítulo 7 de Mateo? Negar esas palabras de Mateo como otras muchas que la acompañan del mismo tenor lleva a protestantizar la Iglesia Católica.

Pero aún hay otro párrafo que resulta llamativo por aquello de la perversión del lenguaje y que dice así:

En un comunicado de prensa, el Arzobispado de Barcelona niega que se vetara la presentación del catedrático de Teología de la Carlos III. “Se pidió que no se hiciese en locales de la parroquia, sino en otro lugar”. La institución eclesiástica añade que “en el último número de Cataluña Cristiana, que es una publicación de ámbito diocesano, se recoge una entrevista de página entera al teólogo”, en la que habla sobre el contenido del libro sobre Ellacuría. Tamayo rechaza esta versión del Arzobispado: “El párroco Enric Subirà [de la iglesia de Sant Medir] afirmó que la prohibición fue taxativa”.

Pues si llamativo resulta lo que plantean los más de 700 firmantes y el cómo lo hacen, casi más llamativo resulta el lenguaje “políticamente correcto” de la nota del Arzobispado de Barcelona, de una parte parece disculparse por una medida que no es que tenga derecho a tomar, sino que en el ejercicio de su función pastoral, tiene la obligación de aplicar para no llamar a engaño “a los más pequeños”. Pero es que a renglón seguido se contradice buscando una justificación a su postura diciendo que el arzobispado le ha publicado, al Sr. Tamayo, una entrevista en una revista diocesana, y sobre el mismo tema. ¡Más chirriante imposible! Es algo así como decir “hago de tripas corazón por prohibírtelo porque no tengo más remedio, pero no me lo tengas en cuenta porque te doy una salida por bajo manga para que veas que soy dialogante”. Y claro, el Sr. Tamayo, oliendo el tufo de debilidad que rodea a tantos prelados, se ceba con el arzobispo. Esta es la tercera vez que sufre persecución por el arzobispado de Barcelona, dice el señor Tamayo.

Por último un párroco parece salir en ayuda del conferenciante, quizás olvidando que representa al arzobispo: ““El párroco Enric Subirà [de la iglesia de Sant Medir] afirmó que la prohibición fue taxativa””, con lo que o bien es él quien está llamando al orden al arzobispado por no atreverse a llamar al pan, pan y al vino, vino, o bien está juzgando a aquel a quien representa. Y en este caso me refiero a Jesucristo, pues dice Ezequiel en el capítulo 18: “Y sin embargo la casa de Israel dice: ´No es justo el proceder del Señor.´ ¿Qué mi proceder no es justo? ¿No es más bien vuestro proceder el que no es justo? Yo os juzgaré, pues, a cada uno según su proceder, oráculo del Señor. Convertíos y apartaos de todos vuestros crímenes. ¿Por qué habéis de morir? Yo no me complazco en la muerte de nadie, sea quien fuere. Convertíos y vivid.

Por último, en otro artículo, el mismo autor y sobre el mismo tema, publicado también en el País, recoge unas declaraciones de D. Juan José sobre el arzobispo:

El teólogo también aduce a las discrepancias entre el impulso reformista del papa Francisco y a la jerarquía eclesiástica, así como al carácter del arzobispo Sistach, al que considera “alérgico” a las tesis de la Teología de la Liberación, que promueve la interculturalidad, el pluralismo religioso y el feminismo. “Este cardenal es muy alérgico a las tres cosas. Se encuentra encerrado en una cultura, no se abre a las otras religiones, y da a la mujer un papel de servicio”.

O sea que para éste teólogo “progresista” –ya el adjetivo nos sitúa en las antípodas del Evangelio: “con un mismo amor, con un mismo espíritu, con los mismos sentimientos, nada por rivalidad ni por vanagloria, sino todo con humildad”- entiende que “la interculturalidad, el pluralismo religioso y el feminismo” son la más clara expresión de la buena nueva que hay que anunciar a las naciones en los tiempos que corren.

Intercultural es Jesús cuando no tiene empacho en tratar ni con samaritanos ni con griegos: “porque es eterna su misericordia”, intercultural es como Pedro percibe a Dios cuando al escuchar a Cornelio exclama: “Verdaderamente comprendo que Dios no hace acepción de personas” o cuando Pablo nos anuncia que “ya no hay ni esclavo ni libre, ni judío ni griego, ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (quizás habría que añadir: si es que “os habéis revestido de Cristo”). En cuanto al pluralismo religioso está bien claro en el primer mandamiento de la ley: “El Señor es tu Dios, el Señor es UNO. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas, y al prójimo como a ti mismo”. Y respecto al feminismo, está expreso en María que, siendo mujer, “es más importante que todos los obispos” en palabras del papa Francisco.

Pero claro, el Sr. Tamayo no lo explica así. Será porque no lo entiende así. Y la prueba es la frase final “da a la mujer un papel de servicio”, y lo dice como si nunca hubiera escuchado eso que también es de Mateo: “No ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros, será vuestro esclavo; de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos”.

Porque todo es interpretable y susceptible de un sinfín de elucubraciones mentales, la humildad sale en ayuda de la razón para que ésta pueda dejarse integrar en la luz de la fe. Y la Tradición es el marco en el que esto se produce. Por eso está escrito en el comienzo del libro de la Sabiduría: “Los pensamientos retorcidos apartan de Dios, y el poder puesto a prueba rechaza a los insensatos”.

Publicado en tiempo de edificar, Uncategorized | Etiquetado , , , | Deja un comentario

CAMERON Y LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN

Hasta las aguas más bravas se ciñen a un cauce

Hasta las aguas más bravas se ciñen a un cauce

Luis Ventoso, corresponsal de ABC en Londres, publicó en este periódico, el 18 de enero, una nota en la que refería las declaraciones del primer ministro británico a raíz de las declaraciones del Papa sobre los límites a la libertad de expresión. Y el señor Cameron, a preguntas de los periodistas, contestó así:

“Creo que en la sociedad libre existe el derecho a ofender las creencias religiosas de otros. Yo soy cristiano. Si alguien dice algo ofensivo sobre Jesús, lo encontraré ofensivo, pero en una sociedad libre no tengo el derecho a infligir venganza sobre ellos. Tenemos que aceptar que esos periódicos y revistas pueden publicar cosas que pueden ofender a alguien, al menos mientras no vayan contra la ley. Esto es lo que debemos defender”.

Hay que reconocer que la respuesta es francamente clara. En una sociedad libre, el derecho de expresión prima sobre cualquier otro derecho o casi. Según el primer ministro, el límite está en la ley. Bien, el señor Cameron, a pesar de afirmar algo tan llamativamente sorprendente – “Creo que en la sociedad libre existe el derecho a ofender las creencias religiosas de otros”- reconoce que la libertad de expresión tiene límites.

En lo que respecta a la venganza, está claro ya en Romanos 12,19:  Amados, no os venguéis vosotros mismos, sino dejad lugar a la ira de Dios, porque está escrito: “Mía es la venganza; yo pagaré, dice el Señor”. En un Estado de Derecho, corresponde al mismo Estado, nunca al ciudadano. Pero ¿Cuáles son esos límites? ¿Qué dice la ley?

Dice el punto 4 del artículo 20 de nuestra Constitución, que trata del derecho a la Libertad de Expresión, lo siguiente:

  • 4. Estas libertades tienen su límite en el respeto a los derechos reconocidos en este Título, en los preceptos de las leyes que lo desarrollen y, especialmente, en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia.

Es decir, que la libertad de expresión sí tiene un límite reconocido, y en lo que interesa a esta reflexión, hay que destacar el siguiente párrafo: “y, especialmente, en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia”, eso aparte de lo que el desarrollo de esas leyes dictaminen, añade el punto 4. Es decir, ese derecho, a juicio del legislador, procede ser desarrollado.

Por otro lado, parece que el Tribunal Constitucional no acaba de clarificar si lo que es aplicable a las personas físicas lo es también a las personas jurídicas. Pero obviando este aspecto la pregunta sigue en el aire: ¿por qué en los preceptos que desarrollan esa ley de Libertad de Expresión no se quiere proteger la imagen de una institución como la Iglesia? ¿por qué no se quiere proteger a los miembros de un colectivo que se siente ofendido porque se les difama, no ya que se difame a una figura histórica de la envergadura de Jesucristo, sino que se difama, al tiempo, a todos sus discípulos que no son personas históricas sino actuales y por tanto sujetos que debería amparar la ley? Del mismo modo que debería proteger de abiertas falsedades a la juventud y a la infancia. El hecho es que no hay voluntad de protegerlos y sería interesante aclarar el porqué.

La primera cuestión es preguntarnos ¿quién dicta la ley?, la respuesta es que la dictan las asambleas legislativas. Y entonces, ¿por qué las asambleas legislativas de las sociedades de nuestro tiempo no legislan para exigir la prudencia y la templanza necesarias en las expresiones públicas para evitar dañar el honor de determinados colectivos? Quizá la respuesta sea que no teniendo una repercusión económica, sale muy barato para los políticos presentar esa ausencia de control como un plus de democracia y de libertad. Es como la libertad de creación o la libertad de cátedra, que al final resulta que son libertades omnímodas en la práctica. Pues de hecho son el escudo tras el que se parapetan diatribas infamantes, el lucrativo negocio del escándalo y el adoctrinamiento relativista de la juventud y de la infancia.

Y no es verdad que protegiendo a colectivos como los que conforman las distintas confesiones religiosas se corra el riesgo de vulnerar principio alguno, pues en contra de esta percepción hay situaciones muy ilustrativas, como que se haya llegado a legislar para castigar determinadas mentiras, como es el caso de castigar por ley la negación de la Shoá, cosa que sucede en muchos países europeos, este es uno de los límites a la libertad de expresión por voluntad del legislador en su interpretación de las leyes fundamentales, al igual que lo son las leyes que condenan el racismo y la xenofobia, y no por eso nadie se plantea que se esté recortando libertad fundamental alguna.

En un artículo, el embajador de Israel en España, Victor Harel, sobre el tema, saca a relucir una sentencia del Tribunal Constitucional que nos resulta de mucha ayuda. Es una sentencia del 11 de noviembre del 91 (caso Violeta Friedman) en la que se estipula que: “Ni el ejercicio de la libertad ideológica, ni la de expresión, pueden amparar expresiones destinadas a generar sentimientos de hostilidad contra determinados grupos étnicos, pues en un Estado como el español los integrantes de aquellas colectividades tienen derecho a convivir pacíficamente y a ser plenamente respetados por los demás miembros de la comunidad social“.

Y sin embargo todos sabemos qué pasa cuando en nombre de la libertad de expresión, alguien decide referirse a la Iglesia Católica saltándose todas estas sensatas consideraciones. Nada. No pasa nada. Resulta difícil entender que lo que, para el Tribunal Constitucional, es válido para un grupo étnico no lo sea para un grupo social.

Resultando en consecuencia unas cuantas cosas claras, no se puede mentir… según y cómo; no se puede ofender, según y cómo; no se puede insultar, difamar, según y de quien se trate. Es más, no es descabellado decir que la libertad de expresión está limitada, mayormente, por las consecuencias económicas que reporten lo expresado. Resulta curioso que, respecto a las personas jurídicas, si el descrédito provocado por una falta de comedimiento en lo que alguien “libremente” le dé por expresar, si afecta a la imagen de una empresa de modo que pueda repercutir en su balance económico, es decir, si afecta al bolsillo, se convierte también en delito, si no, no.

Es por eso que se da la circunstancia de que salga gratis ofender a un grupo social entero, por muchos millones de personas que lo compongan, porque el legislativo ha decidido que mientras tal ofensa no tenga repercusiones económicas, no es delito, lo que nos ayuda a entender cuál es la prioridad en su escala de valores.

Esto es como aquello del frio y del calor, una cosa son los grados y otra es la sensación térmica. Pues la verdad, en la cuestión que nos ocupa la “sensación legal” es la de que importan más los derechos que genera el dinero que los que genera la dignidad humana.

Sobre estos asuntos dice el Catecismo de la Iglesia Católica en su número 2479: La maledicencia y la calumnia destruyen la reputación y el honor del prójimo. Ahora bien, el honor es el testimonio social dado a la dignidad humana y cada uno posee un derecho natural al honor de su nombre, a su reputación y a su respeto. Así, la maledicencia y la calumnia lesionan las virtudes de la justicia y de la caridad.

Y en ello estamos, en lesionarnos mutuamente.

Publicado en Actualidad | Etiquetado , , | Deja un comentario

¿QUIÉN ES CHARLIE?

                               

En el periódico Levante del pasado día 12 de enero, D. José Luís García recogía unas declaraciones de D. Santiago Bordils, un ilustrador valenciano afincado en Francia, sobre la controvertida revista francesa de humor y los sucesos que recientemente la han rodeado. De sus declaraciones tan sólo recojo una frase que encierra una clara expresión de admiración por aquel semanario, Charlie, y que es el motivo de la siguiente reflexión. La frase en cuestión es:

«España no tiene esa cultura de la laicidad. Creo que cuesta mucho alcanzar este grado de libertad»

En esta frase se encierran tres palabras clave, a saber, cultura, laicidad y libertad.

Yendo al significado estricto, según la RAE, trascribo las acepciones que de la palabra “libertad” cabrían, a mi modo de entender,  en esta expresión del Señor Bordils, los números se corresponden con las correspondientes acepciones del diccionario y son las siguientes:

  • 4. f. Falta de sujeción y subordinación.
  • 6. f. Prerrogativa, privilegio, licencia.
  • 8. f. Contravención desenfrenada de las leyes y buenas costumbres.
  • 9. f. Licencia u osada familiaridad.
  • 11. f. Desembarazo, franqueza.

Entre las cuales la 11 es la más benévola. En cuanto a las otras dos palabras “cultura de la laicidad” entiendo que hay que entenderlo, también siguiendo a la RAE, como el “conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial en un grupo social como expresión de su modo de entender la separación de la sociedad civil de la sociedad religiosa”. 

Es verdad que cuesta mucho alcanzar ese grado de libertad, como dice el Señor Bordils. Ese grado concreto de libertad. Mas hay otros grados de la libertad. Por ejemplo, entendemos también por libertad las acepciones que recojo del mismo diccionario a continuación:

  • 1. f. Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos.
  • 2. f. Estado o condición de quien no es esclavo.
  • 5. f. Facultad que se disfruta en las naciones bien gobernadas de hacer y decir cuanto no se oponga a las leyes ni a las buenas costumbres.
  • 7. f. Condición de las personas no obligadas por su estado al cumplimiento de ciertos deberes.
  • 10. f. Exención de etiquetas.

Y creo que esta segunda versión resultante de la libertad es, al menos, tan difícil de alcanzar como la primera. Yo creo que es bastante más difícil. Ahora bien, resulta que los esfuerzos requeridos para conquistar ambos esquemas de libertad, van en direcciones paralelas, de modo que desde la distancia, parecen confluir en algún punto lejano, pero en la realidad nunca se tocan, solo confluyen en la entrada correspondiente del diccionario.

Considero un espejismo confundirlos, que es lo que resulta más fácil. Una palabra, un sentido. Pero no. Un terrorista se siente libre, incluso, de inmolar su vida para acabar con la de quien considera su enemigo. Nadie negará que eso sea un ejercicio de libertad. Así de diverso es el sentido de la palabra libertad. Por tanto, habrá que convenir que a la consideración de la libertad le falta algún componente para entenderla. Pues si resulta que el terrorista ha sido libre de vengar lo que considera un ultraje y la victima ha sido igualmente libre de expresar lo que su “cultura laicista” le empujaba a expresar, aún consciente de que aquello que expresaba iba a ser considerado como un ultraje, no cabe duda de que reconocer que se ha actuado “en libertad”, por ambas partes, no satisface las interrogantes que el hecho nos plantea, por lo que para tratar de entenderlo nos vemos en la tesitura de rebuscar entre otras consideraciones.

Inmediatamente necesitamos recurrir a la calificación moral del hecho para valorarlo. Pero nos encontramos con que desde la moralidad de uno, este se siente justificado, y con que desde la moralidad del otro, ese también se considera justificado. El terrorista considera injustificable la justificación del caricaturista y, a su vez, el caricaturista considera injustificable la justificación del terrorista.

¿Y por qué? Pues porque ambos parten de principios diferentes, porque los principios que justifican sus actos van tan en paralelo como las dos estructuras de la libertad a las que me refería más arriba. Modos de entender la libertad de los que decía que estaban destinados a no encontrarse nunca.

Con lo que la consideración moral de los actos en cuestión no ayuda a enfocar mejor el problema.

Entonces es cuando comienza a hablarse de la superioridad de una cultura sobre otra. Pero el problema de este recurso es que el factor que establece la superioridad no puede ser otro que el “poder”. 

Desde una “cultura laicista” se acusa a “ese islamismo” de intolerante. Pensando que la tolerancia es el caldo de cultivo apropiado para el desarrollo del laicismo en su lucha contra la sociedad religiosa a la que acusa de invadir o violentar su espacio natural. Y no dudan en adoptar posturas de fuerza intentando instilar, aunque sea a presión, dicha tolerancia. Pasa que en este discurso, el laicista, aun consciente de estar ejerciendo violencia verbal o gráfica sobre el otro, se considera en su derecho de ejercer dicha violencia en pro de imponer su concepción ideal de las relaciones sociales.

Resulta evidente la desproporción entre las violencias empeñadas en el conflicto, y esta desproporción va en contra de los islamistas. Creo que es evidente la relación entre violencia y poder. Por otra parte parece que el quinto mandamiento que dice “no matarás” es hoy mayoritariamente aceptado por el género humano, no ocurre así cuando la violencia que se ejerce no tiene como consecuencia directa la muerte física del contrario. Pero violencia es al fin la de uno y la de otro. Lo que no hay es proporcionalidad en el hecho que nos ocupa hoy.

No imagino al “profeta” satisfecho de la perpetrada venganza, pero no estoy seguro de que “el otro profeta”, el, que se levanta como tal, del laicismo militante, haya tomado conciencia de su nivel de violencia. Parece evidente que los yijadistas se sentían satisfechos, como resulta evidente que quienes recibieron la injustificable agresión, sólo parecen reivindicarse.

Insisto, falta algo que ilumine el sentido de las palabras y no parece que vaya a ser ni la calificación moral ni el poder opuesto de las culturas.

Entonces qué puede ser si no.

Desde una óptica católica, es decir universal, echo de menos algo que no aparece para nada en el relato. Debemos preguntarnos ¿hay verdad en ambas actitudes, dado que no se percibe en ellas ni el menor atisbo de misericordia?, y otra pregunta equivalente, ¿hay belleza en alguno de los dos?

No. En absoluto. Ni en la revista, ni mucho menos en los actos del terrorista.

Es verdad, y este es un débil motivo de esperanza, que el mundo musulmán, mayoritariamente, se ha manifestado contra la barbarie de los terroristas, y es verdad que el último número de la revista trae, aunque en contradictoria portada, un mensaje: “todo está perdonado”.

La falta de unanimidad en la actitud de rechazo hacia el terrorista por parte del mundo musulmán de una parte y la machacona actitud de la revista mostrada en el número de su reaparición en el que, hipócritamente, pretende mostrar el rostro de la concordia, de otra, ha tenido una clara consecuencia en las primeras 48 horas posteriores a la reaparición de la revista, la quema de 45 iglesias cristianas, 5 hoteles, 36 bares, un orfelinato y una escuela cristiana, más la muerte de 10 cristianos en Niger, 4 en Zinder, un número indeterminado de heridos, 45 sólo en Zinder, según AFP, El Mundo y la BBC, en la capital 128 personas resultaron heridas, 189 detenidos, eso en Nigeria; en Egipto, según ACI prensa, 49 iglesias ortodoxas, católicas y protestantes, fueron asaltadas y quemadas, aparte de decenas de asaltos a instituciones, monasterios, escuelas y tiendas de cristianos, desde Suez a Minya, de Sohag a Assuit, esto que sepamos. Todo ello como reacción por ese número de la revista.

Y sin embargo el mundo no ha llenado sus camisetas con la frase “todos somos cristianos”.

Se impone reconocerse. Que los principios nos separen no es el mayor problema si en el uso de nuestra libertad nos guiáramos por la caridad. Lo que sucede es que el amor siempre implica renunciar a algo, muchas veces a uno mismo, “la semilla, si no muere, queda estéril, si muere, da mucha vida”, nos enseñaron ya hace 2000 años. Pero principios irreconciliables, aliados con un uso inmisericorde de nuestra libertad, traen los frutos que todos estamos viendo… si es que los vemos, porque los hechos constatan una realidad, estamos ciegos, y además, no queremos ver.

Publicado en Actualidad | Etiquetado , , , | Deja un comentario

BELLEZA Y UNIVERSIDAD

012 - copia                    Rafael Montaner nos informa en el periódico Levante del veinticinco de noviembre pasado, de que ante un acto programado en la Universidad de Valencia, un grupo de dicha universidad se rasga las vestiduras y emite la invectiva que recojo a continuación entresacada del texto de la crónica del señor Montaner.

«La Universitat de València (UV) rendirá homenaje a San Vicente Ferrer», así lo anuncia el Capítulo de Caballeros Jurados del santo valenciano en su página web y en las invitaciones «al acto académico» que ha remitido el Lloctinent General de esta hermandad, José Francisco Ballester-Olmos. En ambos documentos se destaca que el homenaje, que tendrá lugar en el paraninfo de la Universitat el próximo martes a las 19.30 horas, «es un acto académico coorganizado por el Capítulo de Caballeros Jurados y la Universitat de València», en el que la UV «rendirá homenaje a nuestro Patrón San Vicente Ferrer, impulsor del Estudi General, embrión de la entidad académica».

Este «acto solemne de gratitud al Maestro Vicente Ferrer», así lo presenta Ballester-Olmos en las invitaciones, desató ayer las críticas de la Mesa de la Assemblea Interestamental de la UV, un órgano informal que reúne a profesores, estudiantes y personal de administración y servicios (PAS). Mediante un comunicado, dicho colectivo crítico con el rector Esteban Morcillo, denuncia que este homenaje «compromete el carácter aconfesional de la Universitat». «Homenajear en sede académica a un santo católico, por muy valenciano que sea, es un disparate y, aún más, una ofensa a la inteligencia y a la laicidad que caracteriza y es exigible en una institución universitaria cinco veces centenaria». «No podemos „añade la nota „aceptar en silencio este error injustificable. De ninguna manera nuestra Universitat puede actuar así. Los Caballeros Jurados pueden hacer lo que mejor consideren para homenajear a su santo, pero no lo pueden hacer en La Nau, ni lo pueden hacer contando con el vicerrector de Cultura para cerrar el acto, ni pueden anunciarlo como un homenaje de la Universitat de València». La Mesa de la Assemblea Interestamental reclama al rector Morcillo que «ordene la suspensión del acto». «Sería muy triste tener que manifestarnos a la puerta de nuestra casa para mostrar nuestro rechazo al homenaje», advierten.

O sea, que a los señores del mencionado órgano informal les parece impropio hacer un homenaje, en el seno de la Universidad, a alguien por el simple hecho de ser cristiano. Me parece abiertamente discriminatorio. Y teniendo en cuenta que el homenajeado es nada menos que al precursor de la propia UV al ser él el fundador, casi cien años antes, del Studi General, embrión de la actual Universidad, me parece severamente yermo.

Pero veamos en qué basan su criterio.

Punto 1º: «compromete el carácter aconfesional de la Universitat».

Quizás éste criterio sea la causa de que la Universidad de Valencia haya renegado de su historia, por ejemplo, eliminando de su escudo la imagen de la Virgen de la Sapiencia. ¡Qué peligroso es que la aconfesionalidad no sólo implique negar la realidad, sino que implique incluso renegar de la historia!

Aconfesional, según el diccionario de la RAE significa: “Que no pertenece o está adscrito a ninguna confesión religiosa”, es decir que una universidad aconfesional es aquella que no pertenece ni está adscrita a ninguna confesión o iglesia, cosa que como todos sabemos es el caso de nuestra universidad. Y ya está, ya es aconfesional, no hace falta que sus profesores, alumnos o personal administrativo o de servicios vayan cada día pregonando este hecho elocuente de su no pertenencia o adscripción o que para reafirmar su aconfesionalidad se crean en la tesitura de vetar a quienes, como personas físicas, si estén adscritas a una determinada confesión. Pues este es justo el caso, un veto, que es la consecuencia del criterio de estos señores como hemos leído. Claro que siguiendo en esa línea, habría que purgar, de entrada, a todo el claustro de profesores, a los alumnos, etc., o habría que censurar a todo pensador, científico o filósofo que se hubiera declarado cristiano. Y ese parece ser, de hecho, el ambiente generalizado en nuestras universidades.

Puede que alguno aduzca que no se le veta por ser cristiano, sino por hablar de Dios. Bien, entonces habría que apelar a la Declaración Universal de los Derechos Humanos para reclamar respeto por quienes creyendo en Dios, entiendan que las convicciones y la praxis deben ir de la mano para preservar la integridad personal.

Punto 2º: «Homenajear en sede académica a un santo católico, por muy valenciano que sea, es un disparate y, aún más, una ofensa a la inteligencia y a la laicidad que caracteriza y es exigible en una institución universitaria cinco veces centenaria».

Un disparate”, dicen… no está mal como argumento. Es “una ofensa a la inteligencia”, añaden, lo que me inclina a pensar que efectivamente hay inteligencias que se ofenden muy fácilmente, inteligencias hipersensibles, afectadas por una suerte de Síndrome de Estocolmo respecto a la ideología que las mantiene secuestradas. Pero además ven ofendida su laicidad, dicen, cuando lo que deberían confesar es que lo que resulta ofendido es su laicismo militante. Laicismo que por sectario es lo menos propio de una institución dedicada al conocimiento y al pensamiento durante cinco siglos, puntualizan ellos, obviando en qué medida son deudores del esfuerzo secular cristiano consistente en superar la aparente contradicción entre fe y razón, esfuerzo enorme si tenemos en cuenta las luchas intestinas y las contradicciones que han jalonado dicha lucha a lo largo de la historia. Curioso.

Punto 3º: «No podemos aceptar en silencio este error injustificable. De ninguna manera nuestra Universitat puede actuar así. Los Caballeros Jurados pueden hacer lo que mejor consideren para homenajear a su santo, pero no lo pueden hacer en La Nau, ni lo pueden hacer contando con el vicerrector de Cultura para cerrar el acto, ni pueden anunciarlo como un homenaje de la Universitat de València»

Es decir, en la Universidad no cabe, no ya San Vicente Ferrer, ni siquiera cabría buena parte de los 20 siglos de historia de la humanidad. Despreciando a tan importante parte del pensamiento occidental, entendemos el estado en que se encuentra el conocimiento en nuestras universidades.

Es muy curioso, realmente. En una época en la que hay una especial sensibilidad por conservar los bienes de la naturaleza con toda su diversidad, esforzándonos por preservar los ecosistemas en peligro y lograr adhesiones para cambiar la mentalidad consumista de esta sociedad, época en la que la lucha por conservar los logros sociales, que vemos dilapidados por la corrupción moral de muchos, y que es hoy una cuestión de primer orden para la sociedad y la política, época en la que un movimiento de solidaridad está recorriendo la sociedad en una lucha por conseguir que tanta gente en riesgo de exclusión pueda conservar su vivienda como el último reducto de su derecho a vivir dignamente, y… nos encontramos con esto. Y esto es que, para algunos, conservar la memoria de la UV, resulta ser un “disparate”. Con franqueza, imagino que lo que les pasa es que odian lo que esa historia significa.

¡Esa es una actitud conservadora! probablemente me diga alguien, pero lo cierto es que ¿quién no quiere conservar su puesto de trabajo, o su familia, o sus bienes, o su salud, o sus amigos, o su nivel de vida, o su tiempo, o su pelo, o su agenda… ?, por poner sólo algunos ejemplos. Sin embargo el colectivo que se opone al homenaje descrito, a pesar de ser, parte de ellos, docentes de una entidad a la que se le supone una cuota mínima de apertura de miras, no quieren conservar, no ya los valores que la hicieron posible, lo cual entraría dentro de lo comprensible, ni siquiera la memoria de ellos, y esto ya es otra cosa.

Reconozco que viendo el actual logo de la UV, me acordé del pasmo que me produjo ver el de Bancaja, ¡un monigote!, en aquel momento lo primero que me vino a la mente fue: ¡qué poca confianza genera una entidad que se identifica tan puerilmente! Hoy tal entidad ya ni existe y no dejo de pensar que aquella apreciación no iba tan desencaminada, de hecho su trayectoria ha ido en línea con su imagen. Pues bien, las declaraciones objeto de este comentario están en línea con lo que comento de Bancaja, y con el logo de la propia universidad. Ya se sabe, “xano xano…”

Abundando en esta percepción añadiré que la Mesa Interestamental autora de la actitud que comento, conminó al Rector a ordenar la suspensión del acto, como se puede leer en el resumen recogido más arriba, y el rector, Señor Morcillo, transigió y el acto no se celebró en la universidad. Esa es la libertad de la que cacarea la tal Mesa y esta es la respuesta, añadamos que un poco gallina, de nuestra UV.

La santidad es el adorno de tu casa” dice el salmo 93. No nos queda sino reconocer que la belleza no es precisamente una característica que acompañe a espíritus encogidos ni a actitudes timoratas como estas que nos acaba de ofrecer nuestra “Universitat”.

Publicado en Tiempo de destruir | Etiquetado , , | Deja un comentario